Jueves 10 de Mayo de 2018

Jueves 10 de Mayo de 2018 10:04 am

El fantasma de la guerra | CARLOS RODRÍGUEZ Y QUEZADA

“Si hay guerra con Irán, entre más pronto, mejor”.  Esta fue una declaración reciente del primer ministro Israelí, Benjamin Netanyahu. Ya días antes, ante las cámaras de televisión locales, había presentado un montón de documentos que mostraban al gobierno iraní en la fabricación de armas atómicas, en clara violación al acuerdo nuclear suscrito por Irán en 2015 con Estados Unidos, Rusia, China, Alemania, Francia y Gran Bretaña.
 
Lo que no dijo es que dichos documentos eran antiguos y que ya todo mundo sabía de ellos. Nada nuevo, ni nada acusatorio de que el gobierno chiita iraní estuviera violando el acuerdo nuclear. Pero no obstante, le daba una oportunidad propicia a Donald Trump en sus argumentos para rechazar el acuerdo nuclear, el cual -al igual que el TLC firmado con México y Canadá-, definió como el “peor de la historia” porque supuestamente deja abierta la puerta a Teherán para producir armas nucleares.
 
Esta serie de acusaciones tanto de Netanyahu como de Trump de que Teherán está violando el acuerdo han sido rechazadas una y otra vez por Irán, el cual se ha ajustado invariablemente a las disposiciones del instrumento internacional, que ha respetado en todos sus términos, y que tiene una vigilancia especial por parte del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) de las Naciones Unidas, el cual no ha encontrado ningún incumplimiento.
 
Pero lo que menos necesitó Trump fueron pretextos o argumentos, así que el día de ayer anunció con bombos y platillos que retiraba a Estados Unidos del acuerdo, poniendo nuevamente al mundo en la esquina de una nueva y espantosa guerra en el Medio Oriente, otra vez con Irán, un poderoso país de confesión musulmán chiíta que no se deja de nadie y que obviamente no goza de la simpatía de muchos de sus vecinos. Además de Israel, Arabia Saudita, de confesión musulmán sunita y enemigo de Irán de larga data, están de plácemes con la decisión de Trump. El delicado equilibrio en el Medio Oriente se está complicando día a día y no se ve en el corto plazo un cambio en el panorama político-militar, antes bien se puede agravar de un momento a otro.
 
Los únicos que podrían cambiar el estado de cosas son Francia, Rusia, Alemania y Gran Bretaña, que gozan de enorme influencia en el mundo.
 
Son ellos y la Unión Europea los que se adelantaron a señalar que Trump ha tomado una decisión equivocada que puede alterar el curso de lo que está ocurriendo ahora en el Medio Oriente, iniciando en Siria y continuando obviamente en Irán, país al que el premier Netanyahu le trae muchas ganas porque se inmiscuye en el mundo árabe enturbiando los equilibrios, incluso cerca de sus fronteras.
 
Es cierto. Irán apoya abiertamente a Hezbollah (Partido de Dios), una poderosa milicia chiíta con sede en Líbano, que construye escuelas, hospitales, que ayuda a mucha gente en el Medio Oriente y que tiene una buena cantidad de diputados en el parlamento libanés. Hezbollah apoyó al ejército iraquí para expulsar de su territorio al belicoso Estado Islámico (EI), de confesión sunita, apoyado por Arabia Saudita. Irán y Hezbollah combaten al lado del ejército sirio en la expulsión del EI, combaten a las milicias sunitas apoyadas por Arabia Saudita que pelean en contra del ejército sirio, apoyado también por Rusia y Turquía. Este último país está totalmente en contra de la pretensión de Estados Unidos de otorgar territorio a los kurdos a costa de territorios de Turquía, Siria e Irak.
 
Irán asimismo apoya militarmente a las milicias yemeníes que combaten en contra del gobierno apoyado por una coalición militar integrada por Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Ya nos ocuparemos muy pronto de este conflicto en Yemen.
 
Con esta decisión, Trump está exacerbando los ánimos militares de Israel e Irán, cuyas ramificaciones apenas se vislumbran. El peligro de una conflagración de dimensiones regionales y mundiales está a la vista. Parece que los únicos que pueden detenerla son los países europeos y China, otro de los garantes del acuerdo nuclear. A Trump, simplemente, nada de esto le interesa. Pronto dará a conocer el nivel y tenor de las sanciones que piensa aplicar al régimen iraní, que ha sacado los dientes al afirmar que no se dejará impresionar por el mandatario norteamericano que cada vez más muestra sus colmillos afilados para ejercer un nuevo control del mundo, ahora en el Medio Oriente. De esta manera, también, está distrayendo la atención de su gente sobre los complejos problemas personales que está enfrentando en casa y que le pueden costar la presidencia.




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