Sábado 9 de Septiembre de 2017

Sábado 9 de Septiembre de 2017 09:01 am

¿Quién se queda con el PAN? | RAMÓN ALBERTO GARZA

Está claro que la partida ya la ganó Ricardo Anaya. Con la postura del PRI de rechazar el pase automático del Fiscal de la Nación, el presidente del PAN se fortalece.
 
La campaña en su contra se enredó entre los debates legislativos y al final dejó con un palmo en las narices a los calderonistas que lo traicionaron.
 
Ernesto Cordero, Roberto Gil Zuarth y Javier Lozano, acabaron por ser “los traicioneros traicionados”. Le hicieron caso a Emilio Gamboa y se embarcaron en una aventura que fracasó. Los dejaron solos.
 
El presidente del PRI, Enrique Ochoa, salió a pronunciarse contra el pase automático de Procurador a Fiscal y despejó el camino para acabar con el desacuerdo. La mesa directiva de Diputados se instalaría.
 
Pero en el camino quedaron tirados los muertos. Y después de no sobrevivir al atropellamiento del Ferrari, los damnificados se ubican en el ala calderonista del PAN.
 
Fueron ellos los que no solo se le rebelaron a Anaya, sino que ya “autónomos” entraron a pactar con Gamboa para buscar el madruguete y sacar el pase automático.
 
El hecho de que Ernesto Cordero fuera propuesto como presidente del Senado, no por su partido sino por sus adversarios, exhibió dónde están las traiciones y dónde las lealtades. Y las complicidades.
 
Pero la traición del bloque calderonista recibió una respuesta de la cúpula panista, encabezada por Anaya, dejando en claro que como partido, el PAN actuaba en bloque y avalaban al #NoAlFiscalCarnal.
 
Ese solo hecho ya desgajó al PAN para ubicar en una esquina a los anayistas, quienes defendieron a su líder por presunto enriquecimiento inexplicable.
 
Y en la otra a los calderonistas que, pacto de 2006 y de 2012 de por medio, se exhibieron como comparsa de un juego político que acabó frustrado.
 
La pregunta de fondo es en qué posición queda Margarita Zavala, quien por un lado se deslindó de apoyar el pase automático, pero se le fue a la yugular a Anaya, exigiendo su renuncia.
 
Como no se puede quedar bien con Dios y el Diablo, la puntera en las encuestas para abanderar al PAN, estableció posición al no aparecer en la rueda de prensa con los panistas opuestos al pase automático.
 
Lo que se vislumbra es que el PAN acabará dividido en dos: en un bloque los anayistas que se fortalecen con su triunfo y, en el otro, los calderonistas que como avestruces tendrán que esconder la cabeza en algún agujero que les cavará Gamboa.
 
 




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