Viernes 15 de Marzo de 2019

Viernes 15 de Marzo de 2019 08:48 am

Ayotzinapa, la venganza más onerosa | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

Empiezan a salir nuevos datos sobre la desaparición y matanza de estudiantes normalistas de Ayotzinapa, en Iguala, Guerrero en septiembre del 2014. Una información dada a conocer por nuestro amigo Ciro Gómez Leyva, revela la presencia de un elemento del Ejército Mexicano entre los estudiantes secuestrados; un informante, pues.


Este joven alerta sobre la versión difundida por representantes de los padres de los desaparecidos, que el Ejército asesinó a esos jóvenes por “siniestros nexos” entre narcotraficantes de la región, políticos del PRD y policías. Es muy difícil que pudiera ocurrir una acción de ese tipo, debido a que estaba identificado el “informante” como uno de sus compañeros.


Este uno de los datos que aflora sobre la investigación y que no estaba perfectamente documentado en la información tanto de la “verdad histórica” de Jesús Murillo Karam, así como de la hecha por “investigadores” argentinos. Todo, absolutamente todo, aparece como sistemas de manipulación política, ya que la muerte de esos muchachos, es usado con fines políticos y económicos.


En nombre de ellos, delinquen quienes se dicen familiares de los desaparecidos. Pueden agredir o golpear a cualquier persona, sin siquiera ser llamados a cuentas por agente del Ministerio Público. Han robado cientos, sin exagerar, de vehículo de empresas comerciales de la región. Los desvalijan, los canibalizan y posteriormente venden las partes a compradores de robado en la entidad.


Toman casetas de Capufe y el miedo del gobierno a enfrentarlos, por “respeto a sus derechos humanos”, se roban el dinero del peaje. Exigen a los automovilistas “cuotas fijas” con el objetivo de financiar su movimiento. Millones de pesos, también sin exagerar, se quedan para las movilizaciones de grupos que son contrarios al gobierno y que han convertido el delito como una forma de vida.


Por si fuera poco, han mantenido la frase “vivos se los llevaron, vivos los queremos”, a sabiendas que esos muchachos están muertos. A 4 años de su desaparición, hay declaraciones de policías que participaron en el secuestro y asesinato, que dejan claro las condiciones en que desaparecieron los cuerpos. Quisieron involucrar al Ejército e incluso inventaron (hasta que se presenten las pruebas contundentes y se demuestre jurídicamente) que la tropa presuntamente ligada al narco, había incinerado los cuerpos en “hornos crematorios” de la zona militar de Iguala. Los padres entraron a la zona militar y no encontraron esos “famosos” hornos.


En fin, es evidente que la historia se mantiene vida para seguir chantajeando al gobierno y a la sociedad con esas historias “avaladas” por especialistas “internacionales”. Deja mucho dinero. Si terminan como el mito, entonces se acaba el negocio. Muerto el lobo, se acabó el cuento.






Déjanos tu comentario