Jueves 14 de Marzo de 2019

Jueves 14 de Marzo de 2019 09:16 am

Los mitos e historias negras | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

En el gobierno de Porfirio Díaz, en 1905, se construyó la colonia Penal de las Islas Marías, en la mayor de las cuatro islas localizados frente a Nayarit. Se inició con una población de 190 pesos y un maestro. En el gobierno de Álvaro Obregón, se inició su uso como prisión de reos de alta peligrosidad, pero especialmente a los políticos.


Fue hasta los 50s cuando empezaron a llegar familias de los reos y fue la época en que se conocieron historias de torturas, humillaciones y maltratos similares a la Isla del Diablo en la Guyana Francesa, de Henri Charrière, conocido como Papillon.


Con Luis Echeverría en los setentas, pretendieron cambiarle la imagen luego que el entonces Presidente recibió quejas de mala alimentación y torturas. Quería que se convirtiera en un buen modelo de readaptación.


Hasta hace unos días, antes de la salida de los 500 presos (catalogados de baja peligrosidad y tener una condena mínima de 2 años, así como pertenecer a grupos de crimen organizado y de bajos ingresos, y sus familias, las islas tenían instalaciones de hospitales, escuelas, bibliotecas, almacenes, un puerto y un aeropuerto de mediano alcance. Todo bajo la vigilancia de 80 marinos y 50 custodios.


Una de las realidades es la explotación de los presos. Hacían trabajos de carpintería y otras actividades manuales, por los que materialmente no les pagaban nada. Las llamadas “cuerdas” (varias decenas de presos que salían amarrados con una cuerda) eran dolorosas escenas que quedaron plasmadas en novelas y películas de los cincuentas.


La desaparición del penal en las Islas Marías, no terminará con aquellas historias de terror y manipulaciones políticas. Siempre fue un atractivo para la clase gobernante ya que querían convertirla en un ejemplo mundial de reclusión de presos.


El Presidente Andrés Manuel López Obrador, ordenó su cierre como prisión y convertirla en un recinto ecológico. Quinientos presos y sus familias tendrán que abandonar esa cárcel donde vivían en cierta libertad. Sin embargo, un “ícono” de la violencia carcelaria de los años cincuentas, se cerró. Quedaron adentro fantasmas de la corrupción política y carcelaria.






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