Viernes 1 de Marzo de 2019

Viernes 1 de Marzo de 2019 09:27 am

Las "inexactitudes" discursivas del CCE | ROBERTO FUENTES VIVAR

El martes tomó posesión Carlos Salazar Lomelín como nuevo presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) y ahí estuvo el presidente Andrés Manuel López Obrador. Ambos se tomaron de la mano y acordaron “juntos hacer historia”, retomando el nombre de la coalición que llevó al poder al actual mandatario.


El hecho y las fotos sí quedarán para la historia, pero el pacto seguramente durará poco. Los dos caminan por rumbos diferentes. El dirigente de la iniciativa privada circula por la senda de la “estatofobia” y la “empresolatría” que dio origen al nacimiento, en 1975, del consejo que ahora preside. El presidente (según un artículo de Claudio Lomnitz –a quien no conozco pero sí tuve amistad con su padre, el gran científico Cina Lomnitz- aparecido en La Jornada), parece circular más por la vereda de la “estatolatría”.


Le toca (en buena medida y parece que lo está logrando) a Alfonso Romo buscar desde el sector público un equilibrio entre la estatolatría y la empresolatría o por lo menos que se reduzca un poco la empresofobia que dicen algunos caracteriza a Andrés Manuel López Obrador.


Por el lado contrario, el sector privado parece no estar dispuesto a mover ni un ápice el mensaje discursivo de la empresolatría, aunque recurra a algunas “inexactitudes” o mentiras, para llamar a las cosas por su nombre.


Carlos Salazar Lomelí dedicó la toma de posesión y sus primeras horas como presidente del CCE para sostener diversas entrevistas en radio y televisión, en las cuales destacó tres puntos: este organismo agrupa a un millón 300 mil empresas, da empleo formal a 18 millones de mexicanos y representa 80 por ciento del Producto Interno Bruto del país.


Escuchando estos datos en la radio o en televisión queda una idea muy clara: gracias a los empresarios afiliados al CCE (o a sus cámaras y asociaciones) sobrevive nuestro país, mientras que el Estado y el Sector Social son prácticamente inexistentes en la economía.


Sin embargo (y ahí radican las inexactitudes o mentiras), la realidad es que en México existen 6.3 millones de establecimientos, según el informe preliminar de los censos económicos que levanta el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en estos momentos.


Ya desde ahí hay muchas diferencias, pues el CCE dice afiliar oficialmente a 1.3 millones de 6.3 millones de establecimientos existentes, lo que indica que cinco millones no son representados por la llamada “cúpula de cúpulas” del sector empresarial.


Pero salta otra pregunta: ¿Realmente representa a un millón 300 mil empresas “de todos los tamaños” como repetía Salazar Lomelín en los noticiarios?  Nuevamente, la realidad dice que no. Con datos hasta el 26 de febrero, el día en que tomó posesión el directivo de Fomento Económico Mexicano (FEMSA) como máximo dirigente empresarial del país, solo hay 430 mil 753 empresas afiliadas a alguna cámara u organismo de la iniciativa privada.


De acuerdo con el Sistema de Información Empresarial Mexicano (SIEM), un organismo creado en 1996 para registrar a las cámaras empresariales y sus agremiados, de estas 430 mil 753 empresas, 384 mil 019 tienen menos de 10 empleados, 38 mil 810 cuentan con hasta 50 trabajadores, seis mil 574 son medianas con un máximo de 250 trabajadores y mil 650 tienen más de 250 trabajadores.


El total de todas ellas representa menos del 10 por ciento del número real de establecimientos a censar por el INEGI y significa sólo una tercera parte del millón 300 mil empresas que dice tener el Consejo Coordinador Empresarial. ¿Qué pasa con el resto? Pues que no están afiliadas a ninguna cámara integrada al CCE.


Salazar dice que los afiliados al CCE generan el 80 por ciento del Producto Interno Bruto. De acuerdo con el INEGI, al cierre de 2018 el PIB tuvo un valor de 22.5 billones de pesos. El 80 por ciento de esta cifra es de 18 billones. Esto quiere decir que las 480 mil empresas agremiadas generan 18 billones de pesos y producen 56.8 millones anuales en promedio, o las mil 500 empresas que dice el CCE tener afiliadas producen cada una 13 millones de pesos. Mientras que el resto, las no afiliadas generan solo dos billones de pesos, es decir 344 mil pesos al año.


El CCE dice que sus afiliados dan empleo a 18 millones de trabajadores en el sector formal. En total, en el Instituto Mexicano del Seguro Social hay 20 millones de inscritos. Si se toma en cuenta que sólo hay 480 mil afiliadas a cámaras y estas emplean a 18 millones de mexicanos ¿quiere decir que el resto, seis millones de establecimientos, solo dan empleo a dos millones de trabajadores, es decir a menos de un trabajador por empresa?


Definitivamente las cifras no cuadran.  Probablemente esta columna esté escrita con algo de empresofobia (porque cotidianamente enfrento ofertas que no existen, redondeos para evadir impuestos o hacer caravana con sombrero ajeno, acciones en las que el cliente nunca tiene la razón, rebajas de precios en productos caducados y precios artificialmente inflados, solo por mencionar cinco ejemplos), pero el discurso del CCE tiene mucho de estatofobia como principio económico, al minimizar a quienes no comparten la empresolatría. Dice el filósofo del metro: la iniciativa privada es parte, no todo.






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