Jueves 7 de Febrero de 2019

Jueves 7 de Febrero de 2019 08:45 am

¿Huachicol, otra guerra perdida? | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

A penas habían pasado unos meses de ascender al poder presidencial cuando Felipe Calderón, luego de reuniones de “alto nivel” con autoridades estadunidenses, tomó la decisión de declarar la guerra al narcotráfico. Nuestros vecinos del Norte estaban cansados de las enormes cantidades de droga que se importaba desde México.


Los motivos de esa guerra eran inconfesables. No se trataba de evitar, como lo habrá pensado alguna vez Nancy, la esposa de Ronald Reagan, que se acabaran las adicciones entre la juventud estadounidense, sino el controlar un mercado de más de 20 mil millones de dólares mensuales, únicamente con el trasiego de mariguana, cocaína y algunas metanfetaminas.


Los dólares salían de Estados Unidos para infinidad de actividades, muchas de ellas ilícitas, hasta las “lícitas” como la inyección a los mercados financieros que poco a poco se fortalecen en las naciones más poderosas del mundo.


Dólares, dólares y más dólares, inundan las venas de bancos y acciones de fondos de inversión. Sin embargo, al pasar ese dinero por ahí, se convierte en dinero “limpio”. Y, esto tiene una lógica hasta infantil. Es un mar de dinero que no se lo pueden acabar las más poderosas y numerosas mafias de delincuentes.


Sin embargo, mientras Calderón dedicaba todo tipo de recursos para “acabar” con el narco, dejó crecer otros mercados negros como el del robo y venta de combustible robado. Este no sólo es gasolina, sino también gas y petróleo crudo. No es una modalidad o novedad en la delincuencia organizada. Es un viejo sistema que data desde que José López Portillo pretendía que los mexicanos nos preparáramos para “administrar la riqueza”.


Miles de millones de dólares eran saqueados de la más importante industria mexicana: el petróleo. El saqueo fue inaudito e impune. Nadie podría a ver visualizado el grado de daño al patrimonio nacional y de la forma en que frenaron el desarrollo y bienestar de millones de mexicanos.


Por ello, la guerra de Andrés Manuel López Obrador contra el robo de combustibles, es importante y vital para la seguridad nacional. De lograr acabar con esas mafias, mediante el uso de la fuerza del Estado, recuperaría más de medio billón de pesos para sus programas sociales, que deberían reflejarse en obras de infraestructura.


Continúa como una pregunta constante: ¿qué pasará, como ocurre con el narcotráfico, con el tejido social destruido por los huachicoleros? Pueblos enteros despegaron económicamente con ese delito y ahora quedarán otra vez en la miseria. Se trata de buscar empleo para todos y mejorar las condiciones de vida de la sociedad.






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