Viernes 1 de Febrero de 2019

Viernes 1 de Febrero de 2019 08:57 am

Migrantes de la fiesta a la tragedia | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

La segunda caravana de inmigrantes centroamericanos en menos de 6 meses ingresa por la frontera sur del país. A pesar que pretenden realizar un control superficial de su ingreso, a través de un censo donde sólo piden el nombre y algunos datos estadísticos, pero no hay autenticidad de documentos de origen.


 


De la primera diáspora, no tenemos mayor información. El gobierno de Enrique Peña Nieto, los dejó pasar indiscriminadamente y los detuvo cuando se dio cuenta que estaban a punto de ingresar más de 150 mil, lo que se convertiría en una acción ingobernable.


 


Ni una lisa de quienes pasaron la frontera, ni mucho menos de quienes pasaron a Estados Unidos. Nada, absolutamente nada.


 


Ahora, en esta nueva caravana, el paso de inmigrantes lleva un mínimo y escuálido control. Mínimo e insuficiente. No sabemos si los que llegan tienen antecedentes penales, son gente de trabajo. Los mexicanos somos confiados. Por ello es que recibimos a extranjeros y después nos encontramos que algunos son delincuentes y que sólo llegan al país con el objetivo de dañar a nuestra sociedad.


 


No trato de mandar un mensaje racista o xenófobo contra quienes nos visitan o a quienes les abrimos nuestras fronteras. La mayoría son personas decentes y trabajadoras. Sin embargo, para que exista confianza debemos saber con quienes tratamos; quien entra a nuestras casas.


 


Por ello, la primera oleada de inmigrantes fue recibida con los brazos abiertos para los hermanos que huyen de la miseria y la represión. Pero en la segunda, tras las experiencias de la primera en donde se registraron conflictos y enfrentamientos, ya no es fácil recibirlos. La mayoría de los inmigrantes se quedaron en México; más de un 95%.


 


En ciudades como Juárez, Tijuana, Mexicali y oras, se formaron círculos de inmigrantes; todos indocumentados y todos sin un registro especial. Nacieron varios bebés en territorio mexicano. Son mexicanos, pues. Otros se quedaron y desplazaron a muchos pobres de sus trabajos, ya que ellos trabajan por menos dinero y en jornadas más amplias.


 


Para los gobiernos es otro conflicto intenso y grave. No hay dinero en las arcas públicas para mantener a esos grupos de personas; familias enteras. Darles techo, alimento y en otros casos hasta dinero en efectivo, es inoperante para estados completos y municipios.


 


Y, el gobierno federal, en las administraciones de Enrique Peña Nieto y López Obrador, sólo abrieron las puertas y no hay protocolos, ni recursos para enfrentar las necesidades de los inmigrantes; respetar sus derechos humanos en toda la extensión de la palabra. No sólo debe actuar para la foto, sino para el futuro de esos seres humanos.






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