Jueves 31 de Enero de 2019

Jueves 31 de Enero de 2019 08:47 am

¿AMLO vs calificadoras? | MARCO A. MARES

A la degradación crediticia de Pemex por parte de Fitch, el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió responder con calificativos a la empresa valuadora.


La secretaria de Energía, Rocío Nahle, secundó al primer mandatario y aseguró que  Pemex está más fuerte que nunca.


En otras palabras, el gobierno mexicano se confronta con la valuadora y la descalifica.


La pregunta es: ¿de verdad cree el gobierno lopezobradorista que confrontar y descalificar a una de las valuadoras de riesgo es el mejor camino para superar los efectos de la degradación crediticia?: entre otros el aumento en el pago de intereses de la deuda de Pemex y otra potencial revisión a la baja que podría realizar la misma calificadora.


Fitch, junto a Moody’s y Standard and Poor’s, es una de las tres importantes calificadoras.


Son empresas especializadas en medir la capacidad de pago de gobiernos, empresas públicas y privadas.


De sus calificaciones dependen las condiciones de financiamiento que conceden los mercados e inversionistas a gobiernos y empresas.


La situación financiera de Pemex es muy delicada y ciertamente no es nueva esa condición.


De hecho, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto, Moody’s modificó su perspectiva sobre Pemex, de Estable a Negativa.


La situación financiera de Pemex lleva tiempo complicándose. Y lo que señala la agencia calificadora es precisamente la duda frente a los planes del nuevo gobierno.


No le convencieron el conjunto de medidas que buscan cierto alivio fiscal en Pemex, anunciadas horas previas por el gobierno mexicano a través de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que encabeza Carlos Urzúa.


Por cierto tampoco convencieron a los analistas de Citibanamex.


Beneficio de la duda


La condición financiera de Pemex está siendo observada con lupa por parte no sólo de Fitch sino de las otras dos influyentes calificadoras crediticias: Moody’s y Standard and Poor’s.


El gobierno federal, ¿estará pensando en reaccionar igual con estas otras agencias en caso de que decidan rebajar sus calificaciones crediticias?


Ojalá que no. Por lo pronto, Moody’s, representada por su vicepresidente senior, Nimya Almeida, ha dicho que a Pemex le están dando el “beneficio de la duda” y que en el próximo semestre no modificará sus calificaciones.


Pero ¡ojo! Mucho ¡ojo! Eso no quiere decir que la petrolera mexicana esté exenta de una revisión a la baja de sus calificaciones.


Pemex tiene seis meses de gracia por parte de la influyente calificadora internacional Moody’s, para demostrar que puede reducir sus costos de operación y enfrentar su elevado endeudamiento.


De hecho Moody’s tiene muchas preocupaciones en torno a la delicada condición financiera de Pemex que acumula una deuda por 104,000 millones de dólares.


Las dudas de Moody’s respecto de Pemex —se lo conté en días pasados en este espacio— son en torno a los elevados costos de operación de la compañía y los compromisos de pago de su deuda. Para este año tendrá que amortizar alrededor de 6,000 millones de dólares.


Además las preocupaciones de Moody’s giran alrededor de la capacidad para generar flujo de caja de la petrolera mexicana.


Tiene ese par de retos por delante y tiene un plazo muy corto para lanzar señales a los inversionistas y las calificadores de que tiene un plan sólido de producción.


Lo que necesitan las calificadoras y los inversionistas son los planes concretos de Pemex que les den una idea clara de cómo elevarán la producción de Pemex y sobre todo cómo lograrán hacerlo con tan elevado endeudamiento.


Lo que hay en el fondo de la preocupación de las calificadoras es la duda sobre los planes del nuevo gobierno para Pemex.


La interrupción de las rondas de licitaciones, las dudas sobre la continuidad de los farmouts de Pemex y las crecientes necesidades de inversiones de la petrolera mantienen alertas a las valuadoras.


Más valdría no ponerse a los “trancazos” con las calificadoras y atender sus preocupaciones.


Ojalá que el equipo económico, encabezado por el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Carlos Urzúa, se imponga con la madurez y serenidad que ha dejado ver y proponga nuevas y más sólidas medidas que convenzan a las calificadoras y analistas.


Si Pemex pierde el “grado de inversión” —luego de la degradación que hizo Fitch está muy cerca de perderlo— sería muy grave no sólo para la petrolera, sino para el propio gobierno mexicano.


ATISBOS


CRECIMIENTO.- La noticia es que el crecimiento de la economía de México durante el sexenio de Enrique Peña Nieto resultó ser el de mayor expansión desde la administración de Ernesto Zedillo, según las cifras del Inegi.


Con Peña Nieto la economía mexicana creció en promedio 2.4% y con Zedillo el crecimiento promedio fue de 3.4 por ciento.


De cualquier forma la economía mexicana sigue en una tendencia de crecimiento mediocre de alrededor de 2 por ciento.


En el sexenio de Vicente Fox, creció 2% y con Felipe Calderón registró una tasa de 1.8 por ciento.


La mala noticia para la administración de Andrés Manuel López Obrador es que en el último trimestre del 2018 se registraron señales de desaceleración económica.






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