Martes 22 de Enero de 2019

Martes 22 de Enero de 2019 09:02 am

Autoridad sin respeto | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

Los videos que inundan las redes sociales, desde Facebook hasta los chats de WhatsApp, minutos antes de la gran explosión de una toma ilegal de un ducto de gasolina en Tlahuelilpan, Estado de Hidalgo, demuestran un sólo hecho contundente: no hay autoridad que genere respeto entre la población.


 


En algunos comentarios que he hecho en este mismo espacio, he hablado sobre “México, el país del gandallismo”. No hay pueblo sabio y lo ha demostrado la historia universal. No hay principios morales o de sentido común en una turba.


 


El huachicoleo se convirtió en una acción criminal totalmente armada e instrumentada. Primero, perforan un ducto. Luego convocan a los habitantes de los poblados cercanos, para posteriormente pagarles para llenar camionetas con 500 litros aproximadamente cada uno. Les pagan por cada litro 3 pesos y los huachicoleros lo venden en 5 pesos. De esa manera quienes arriesgan sus vidas son hombres, mujeres y niños que recogen el combustible y lo entregan a los recolectores.


 


Según policías federales consultados por este reportero, esta es la “acción social” para tener bajo su simpatía pueblos enteros, quienes se convierten en halcones (avisan de la llegada de policías o militares) y de refugió en sus casas de combustible robado.


 


Sin embargo, el huachicoleo de altos vuelos consiste en las tomas que se hacen directamente en las refinerías y que se conectan a bodegas de distribución. Helicópteros de la policía federal, durante el año pasado grabaron filas de trailers tanque que se surtían de combustible que posteriormente se llevaba a empresas privadas. El precio, estiman servicios de inteligencia de la policía federal, oscila entre 6 y 10 pesos el litro; un ahorro por más del 50% sobre el precio de gasolinera.


 


La estrategia delictiva se convirtió inicia con la población en cómplice. En Tlahuelilpan, el huachicoleo transformó la vida de los pueblos del municipio. Al alcalde conoció perfectamente la operación de esos delincuentes en la región y la manera como lo tienen amenazado, por quienes “mejoraron” sus vidas con ese delito. Muchos cambiaron los microbuses por camionetas e hicieron mejoras a sus casas; cambió la forma de vivir.


 


La avaricia colectiva es “normal”. No se puede culpar a un pueblo de buscar una mejor forma de vida. Muchos de los muertos de esa explosión, estaban conscientes del riesgo, pero ya habían hecho este tipo de saqueo de combustible y no ocurría una desgracia.


 


La policía y el Ejército, al llegar al sitio de la toma clandestina que tenía una gran presión, alertaba a la población sobre el riesgo. Sin embargo, varios videos se aprecia a personas armadas con tubos que se enfrentaban a soldados por que éstos les negaban el paso con sus camionetas. No había el menor escrúpulo o miedo para enfrentarse y los militares simplemente  no querían enfrentamiento que dejaría, obviamente, muertos.


 


Simplemente no hay respeto a los representantes del Gobierno, incluso al que ganó con 30 millones de votos.


 


La administración de Andrés Manuel López Obrador es gigantesca: recuperar el orden y respeto sobre las instituciones, que durante sexenios la clase política se esforzó en denostarlas, humillarlas y hasta destruirlas.






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