Lunes 21 de Enero de 2019

Lunes 21 de Enero de 2019 11:15 am

Tlahuelilpan, asesinato por omisión |VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

Como periodista estoy impactado por la desgracia que enlutó a 79 hogares en Tlahuelilpan, Estado de Hidalgo. Una tragedia que debía y podía haberse evitado. Una tragedia que desnudó a gobiernos hundidos en la corrupción y, especialmente, las consecuencias de desafortunadas decisiones políticas y administrativas.


 


En la lucha contra el crimen organizado que controla el huachicoleo en varias regiones del país y que les deja ganancias por más de 3 mil millones de dólares anuales, no hay sistemas de inteligencia policíaca, ni un marco jurídico instrumentado por el Legislativo para brindar herramientas a las autoridades para enfrentar y castigar ese delito. La impunidad insultante en este y otros temas contra una sociedad cansada del abuso cotidiano de quienes, amparados en una pistola o metralleta, somete a pueblos enteros.


 


La lucha de Andrés Manuel López Obrador contra el huachicoleo, carece de una estrategia más amplia y contundente. Es insuficiente cerrar ductos, cuando los criminales tienen controlados los empleados de Pemex que abren válvulas desde las mismas refinerías. La estrategia debe abarcar desde lo policíaco, hasta tecnología de vanguardia que se aplica en otras naciones que también sufrieron el robo de combustible; cueste lo que cueste.


 


Las esferas de acero en los ductos para tapónese las fugas, una opción barata, no se aplica en México; la detección de fugas mediante localización satelital que usan países árabes con un error de apenas 25 centímetros, no se adquiere; el mapa de ataques a ductos no existe ni para adornar paredes de las lujosas oficinas del director de Pemex, Octavio Romero; la adquisición de drones para vigilar los ductos e incluso para informar a policías sobre grupos de huachicoleros organizados, esta frenada.


 


Ahora bien, los protocolos para contener pueblos enteros que convirtieron el robo de combustible en su ingreso fundamental, no deben ir con la represión como insta López Obrador, sino información y la creación de la cultura de respeto a la autoridad. Al momento de accidentes, activar de inmediato protocolos. Debe haber un muro para que familiares coloquen fotos de personas desaparecidas, así como la lista de lesionados. Además, claro, de una página en internet controlada por el Gobierno, con información total, al instante. La designación de un vocero, como lo hizo el gobernador de Hidalgo, Omar Fayad, es lo más indicado, para evitar rumores.


 


En los sistemas de inteligencia, debe usar información de infiltrados en los pueblos, la revisión de redes sociales y el rastreo en redes sociales de quienes promueven información como la invitación que hicieron a la población para que acudiera por gasolina bajo el hashtag #GasolinaGratis. Si no tienen imaginación para implementarlas, vean algunos programas policíacos de la TV estadunidense como NCIS, para aprender sobre inteligencia tecnológica.


 


En síntesis, no puede culparse a la miseria de la muerte de decenas de personas en Tlahuelilpan. La ignorancia y la indolencia de gobiernos que a través de los años se hicieron cómplices, en casos por omisión, de delincuentes.


 


Muchos murieron y deben salir nombres de culpables; desde las altas esferas del poder hasta el delincuente común y corriente.






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