Viernes 7 de Diciembre de 2018

Viernes 7 de Diciembre de 2018 08:59 am

Bonos del Aeropuerto de Texcoco, en la tablita | VICTOR SÁNCHEZ BAÑOS

Los tenedores de cuando menos el 20 por ciento de los bonos que generó el gobierno de Enrique Peña Nieto para la construcción del Aeropuerto de la Ciudad de México en Texcoco, pusieron de manifiesta la improvisación de la propuesta de recompra de esos documentos financieros en los mercados internacional.


 


Se trata de 1,600 millones de dólares que están en manos de inversionistas que pagaron un dólar por cada bono. El gobierno de Andrés Manuel López Obrador ofreció recomprarlos en 90 centavos, que no es mala oferta ya que al suspenderse las obras de la construcción del puerto aéreo podría caerse el precio aún más, ante el riesgo de un “no pago”.


 


Esto podría desembocar en un conflicto financiero importante. Primero, las principales calificadoras de deuda internacional desplomaron la calidad crediticia de esos bonos que están respaldados por el flujo de pasajeros en el Aeropuerto Benito Juárez (actualmente) que pagan un impuesto (TUA) por usar las instalaciones aeroportuarias.


 


Ante una falta de pago de los bonos repercutiría en la calificación del gobierno mexicano. La caída de dicha calificación implica mayores tasas de interés en la deuda externa, no sólo del gobierno, sino para los inversionistas y empresarios. Se haría caro el dinero para México.


 


Hoy resulta más barato para el fisco mexicano el vender el aeropuerto de Texcoco a empresarios mexicanos y extranjeros que lo operen a concesión o definitivamente. El gobierno no invertiría un solo peso y, al contrario, tendría una importante de ingresos fiscales e instalaciones para cuidar esa frontera aeroportuaria.


 


La cancelación no sólo implica perder las instalaciones que se encuentran en Texcoco y representan poco más de 120 mil millones de pesos, sino pagar un castigo en los mercados internacional por la suspensión de obras, así como el pago de los deducibles a las aseguradoras que pagarían a empresas constructoras los daños que provoque dicha suspensión.


 


Además, los mexicanos tendríamos que pagar la nada despreciable cantidad de 3 mil millones de dólares para la construcción del aeropuerto en Santa Lucía, con una califica infinitivamente menor y en condiciones menos sólidas para un proyecto de largo plazo y que reditué utilidades al mismo gobierno o concesionario.


 


Es, indudablemente, mejor vender el aeropuerto de Texcoco a inversionistas, no pagar los castigos en los bonos internacionales; no abandonar instalaciones semiconstruidas en la zona del lago; no gastar un solo peso del presupuesto que podría destinarse a escuelas, hospitales o infraestructura.


 


Hacerlo en Santa Lucía, constaría al fisco, además de los 160 mil millones de pesos, (7,000 millones de dólares aproximadamente), otros 70 mil millones de pesos para construir Santa Lucía. ¡Una locura! En esto debe reflexionar en el gobierno de AMLO.






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