Lunes 5 de Noviembre de 2018

Lunes 5 de Noviembre de 2018 08:54 am

Incontrolables crisis de partidos | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

Todos, absolutamente todos los partidos políticos enfrentan severas crisis financieras e ideológicas, que los separan cada día más de los electores, quienes los desprecian por la honda carrera de corrupción que ejercen todos los días. Ninguno se salva.


 


Ni siquiera Morena logra salvarse. Muchos podrían decir que es el gran ganador de las elecciones del pasado 1 de julio y la predilección de la mayoría del electorado. Sin embargo, el ganador no es el partido Morena, sino Andrés Manuel López Obrador. Por ello, los políticos que afirmen que ellos ganaron las elecciones pasadas con el membrete de Movimiento de Regeneración Nacional, simplemente se mienten ellos mismos. Fue AMLO.


 


Sin embargo, Morena, a pesar de ganar las elecciones, ahora busca tener una fuerza económica más allá de lo que tuvo el PRI en sus mejores tiempos y que vivía del presupuesto gubernamental, con una estructura de calle que era inigualable. Ahora, el partido de López Obrador hará lo mismo, pero con la salvedad que no será con recursos gubernamentales, sino con el diezmo, el 10% pues, del salario de sus militantes.


 


Los partidos políticos son fuertes en base a la fortaleza de sus recursos. Dinero para movilizar bases, dinero para sus dirigentes regionales y líderes naturales; dinero para comprar vigilantes de casillas, dinero materialmente para todo. La burocracia partidista, ahora al mando de Yeidckol Polevnsky, crecerá y para ello se necesita dinero; el “recochino dinero” que odian y aman los socialistas mexicanos. Para mantenerse en el poder usarán, no solo la imagen de AMLO, sino el dinero que logren amasar.


 


En cambio, el PRI, haga lo que haga seguirá hundiéndose. Sin ese dinero y sin ideología, los tricolores buscarán refundarse, pero sin recursos financieros están sentenciados a desaparecer, al igual que el PRD, que ahora no hay quien sustituya a Manuel Granados en su liderazgo.


 


El PAN, que se debate en un divisionismo donde pelean el control los neopanistas encabezados por Marko Cortés y las estructuras tradicionales de Manuel Gómez Morín, dejará muchos heridos y podrían separarse de ese instituto político que, como el PRI, necesitaría una refundación basada en los principios conservadores de la sociedad, para hacer frente ideológicamente a las ideas de cambio de los morenistas y la izquierda en general.


 


Esa crisis de partidos está fundamentada en la falta de principios ideológicos y morales. Hoy Morena está en los cuernos de la luna, pero la desilusión podría aparecer en cualquier momento por la misma enfermedad que hundió al PRI, PAN, PRD y otros: la arrogancia.


 






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