Jueves 25 de Octubre de 2018

Jueves 25 de Octubre de 2018 09:24 am

Mitos y realidades del nuevo aeropuerto | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

 


 


Recientemente platiqué con controladores aéreos del Aeropuerto Benito Juárez de la Ciudad de México. Trabajadores sometidos a un estrés mayúsculo y que cuidan que se permita el vuelo alrededor de la capital del país. Ellos, definitivamente aseguran que la opción de Santa Lucía y Toluca, es peligrosa e inoperable.


 


El aeropuerto de Toluca, se ubica a 8,750 pies de altura (2,667 metros sobre el nivel del mar). Está 416 metros más elevado que la Ciudad de México o Texcoco (7,382 pies o sea 2250 metros). Esto representa mayor costo de operación para aviones que salen con la totalidad de su carga. Despegar de ahí representa un incremento en los costos de las aerolíneas de más del 25% en combustible. Mayor esfuerzo. Muchas aerolíneas disminuyeron sus viajes a esa terminal, por ese motivo y, además, la mayoría de las mañanas se retrasan los vuelos debido a neblina. Por eso, no aumenta el tráfico del aeropuerto Adolfo López Mateos.


 


Operar simultáneamente Santa Lucía y el actual Benito Juárez, rodeados por cerros y montañas que limitan el control de altitudes de las aeronaves. Así se reduce el espacio aéreo para dar espacio seguro a cada una de los aviones que despegan o aterrizan. Me aseguraron que actualmente, al permitir el despegue o aterrizaje en Santa Lucía, es necesario frenar las operaciones del Benito Juárez por razones de seguridad.


 


Si bien es oneroso despegar con carga completa desde el aeropuerto Benito Juárez, es la opción más cercana a los pasajeros, quienes tendrían que usar menos tiempo para llegar a sus destinos en la ciudad de México y en sus servicios de conexiones para otras ciudades en el país, así como al extranjero.


 


Las opciones de Puebla y Querétaro quedaron fuera del radar del próximo secretario de Comunicaciones, Javier Jiménez Espriú, por el rechazo que han manifestado aerolíneas internacionales. Estas, para mantener precios menores, deben ver ahorros en conexiones y la comodidad de sus tripulaciones y pasajeros.


 


Sí, Texcoco afecta la ecología del entorno. Sí, Texcoco se hunde (en el mismo ritmo que el Benito Juárez). Sí, es conflictiva la zona por la manipulación de grupos sociales de varios “líderes” que reaccionan emocionalmente y, con aparente ideología, se niegan al desarrollo de sus poblaciones.


 


No se puede negar que el aeropuerto representaría un detonante de empleo y bienestar para las poblaciones alrededor del aeropuerto. Sin embargo, políticamente no quieren mencionarlo ni los detractores, ni sus benefactores. Así es la “cochina” política.






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