Viernes 19 de Octubre de 2018

Viernes 19 de Octubre de 2018 09:33 am

El Tren Maya sí se justifica, igual que el NAICM en Texcoco | EDUARDO RUIZ HEALY

Es indudable que el Tren Maya será el gran proyecto de infraestructura a realizar durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, tal como Enrique Peña Nieto pretendía que el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM) fuera la magna obra que su administración iniciaría, pero no tendría tiempo de concluirla, y que le heredaría al priista que él seguramente creía que lo sucedería en el cargo.


Desafortunadamente, ambos proyectos han sido excesivamente politizados por sus detractores.


Quienes se oponen al Tren Maya afirman que será una obra demasiado costosa —mucho más cara que los entre 120,000 y 150,000 millones de pesos que Andrés Manuel ha dicho que costará— para atender a solamente tres millones de pasajeros anuales, principalmente turistas que cada año visitan la Riviera Maya. En su ruta de 1,525 kilómetros habrá más de una docena de estaciones, sin que hasta ahora se tenga una lista definitiva de las mismas. Por lo pronto, se ha difundido que cuatro estarán en Quintana Roo (Bacalar, Cancún, Playa del Carmen y Tulum), cinco en Campeche (Calakmul, Campeche, Candelaria, Escárcega y Xpujil), una en Chiapas (Palenque), cuatro en Yucatán (Chichen Itzá, Izamal, Mérida y Valladolid) y dos en Tabasco (Balancán y Tenosique). Esta lista se modificará según se defina el proyecto.


De día, sobre los rieles de la ruta, viajará un tren de pasajeros, mientras que de noche pasará un tren de carga para así darle el mejor uso a dicha infraestructura.


Quienes utilicen el Tren Maya con fines recreativos y culturales tendrán un mejor y más fácil acceso a un buen número de zonas arqueológicas y destinos turísticos que actualmente no están bien conectados por carreteras o rutas aéreas.


Los que se oponen a la obra son, en su mayoría, habitantes de la Ciudad de México que ven a la Península de Yucatán y al sureste del país como zonas despobladas y subdesarrolladas y seguramente visitan esos lugares como turistas, como “asesores” de algún gobernante estatal o municipal o para dictar alguna conferencia, cuando para ello los contrata alguna organización empresarial o social.


Hasta ahora, todos los gobernadores en funciones y electos de la zona, sin importar su filiación partidista, apoyan unánimemente la construcción del Tren Maya porque saben que generará miles de empleos durante los cuatro años que durará su construcción y, tal vez lo más importante, generará nuevos centros de población y desarrollo a lo largo de su ruta, sobre todo en sus tramos del Caribe y del Golfo.


Recordemos que los ferrocarriles detonaron el desarrollo económico de la mayoría de los países que se propusieron impulsarlos. Las vías férreas permitieron la expansión de Estados Unidos. Les guste o no a muchos, México se desarrolló durante el porfiriato precisamente por la expansión de la red ferroviaria del país, la cual quedó olvidada por los gobiernos dizque revolucionarios que vinieron después.


Cientos de poblaciones mexicanas que estaban comunicadas con el resto del país por medio de un tren de pasajeros quedaron económicamente postradas cuando Ernesto Zedillo privatizó los ferrocarriles del país y los puso en manos de empresas extranjeras, que lo primero que hicieron fue cancelar el servicios de pasajeros sin que les importara afectar así a cientos de miles de personas.


El Tren Maya no transformará al sur-sureste de México de un día para otro, pero será una obra de infraestructura que conectará a esa zona aislada desde siempre con el resto del país. El desarrollo y el bienestar se darán cuando esté operando, espero que con la eficiencia con que funcionan los ferrocarriles europeos.


El proyecto ferrocarrilero de Andrés Manuel se justifica plenamente, igual que el proyecto aeroportuario de Enrique Peña Nieto.






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