Martes 25 de Septiembre de 2018

Martes 25 de Septiembre de 2018 08:43 am

Ahora a denigrar a los medios | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

La izquierda comunista y psumista (de los antiguos PC y PSUM), así como la perredista, petista y ahora Morena, tienen hondos resentimientos con los medios de comunicación que durante décadas le dieron preferencia a la presencia a los partidos y políticos en el poder. Dígase, PRI y PAN, fundamentalmente.


 


Claro, la publicidad oficial se maneja bajo una perversa relación medios-gobierno. Aún, con ello, la relación nunca ha sido tersa ni con los gobiernos. Frases, como la de José López Portillo, de “no les pago para que me peguen” o la de Carlos Salinas “no los veo, ni os oigo”, son la premisa de las relaciones entre los mensajeros y nuestra maravillosa clase política.


 


Y, los llamo mensajeros, porque son eso exactamente. Los medios hacen famosos a los políticos y a los cantantes, quienes al volverse famosos los detestan porque no se quedan callados y los critican. Además, mensajeros porque son el medio por el cual se envían mensajes los políticos, empresarios, líderes sociales, académicos y lo más “selecto” de nuestra sociedad. El Pueblo, sólo mira y sufre.


 


Por ello, los llaman “chayoteros” (por que disfrutan de un “fruto” espinoso, pero “sabroso”) al recibir dinero del gobierno para que se divulguen sus barbaridades y aciertos de los gobernantes en turno. Se vale. Hay empresarios y organizaciones civiles que hacen lo mismo. De la publicidad viven los medios.


 


Ayer, Jesús Ramírez Cuevas, quien el será próximo vocero de Andrés Manuel López Obrador, acudió a la Cámara de Diputados y mencionó que el manejo publicitario no será para que subsistan los medios de comunicación (un pensamiento neoliberal, pero correcto). Además, insistirán en la llamada “Ley Chayote”, que le otorga al gobierno (lo que tiene ahora), facultades para discriminar la entrega de recursos a los medios para difundir sus actividades políticas e ideológicas.


 


Todo se vale. Pero no se vale denostar y tratar al periodismo como “sexo servicio”. Es una actividad muy respetable y respetada en muchas partes del mundo. Se reconoce que, como todo en la vida, hay claroscuros; hay honestidad y deshonestidad. También ocurre en la sacrosanta izquierda, en la sacrosanta iglesia y en la sacrosanta academia. No por ello, debemos denostar a todos.


 


Aunque, tengo que reconocer que en política es frijol negro con algunos arroces. En el periodismo es más arroz blanco y pocos frijoles.


 


Sin embargo, el gobierno puede hacer con el dinero presupuestado, lo que le venga en gana. Al final, la sociedad le pedirá cuentas. Si sólo los medios que están soportados por grupos empresariales o sociales, son los que sobrevivirán, perfecto.


 


Ojalá se fijen en los salarios de los periodistas, quienes son el último eslabón de esa tortuosa relación Prensa-Gobierno. Ante el recorte de oficinas de prensa y publicidad, el desempleo en ese sector será brutal. Ya se aprecia el adelgazamiento de empresas debido a los anuncios hechos por el próximo gobierno. Y, tiene razón Jesús Ramírez, todavía no son gobierno.






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