Miércoles 22 de Agosto de 2018

Miércoles 22 de Agosto de 2018 10:26 am

Sucesión presidencial aterciopelada | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

En mi larga vida como periodista, nunca había visto un cambio de gobierno tan aterciopelado como el que se desarrolla en estos meses. El presidente en turno, Enrique Peña Nieto, deja la casa limpia a su sucesor, no opone ningún obstáculo para que conozcan la información suficiente para el desarrollo de la función pública.


 


Incluso bajó el perfil mediático de la presidencia de la República, para enfatizar lo que serán las políticas que implemente el próximo presidente de la República.


 


No hay poses, ni prejuicios o rencores. Todo está concentrado en un acto eminentemente administrativo. La política civilizada.


 


Ya después vendrás las auditorías y la revisión de cuentas. Por el momento es conocer cuáles son las válvulas de control presupuestal, administrativo, político y, especialmente, los pendientes.


 


Y, te platicaba al inicio de este comentario, que en mi vida periodística no había encontrado un ambiente tan pacífico, incluso en los cambios de gobierno entre presidentes del mismo partido. En agosto de 1976, precisamente cuando iniciaba mi carrera como diaristas, con tan sólo 17 años de edad, me responsabilizaron de una columna para el periódico Ovaciones, llamada “Nuestro Hombre en Coyoacán”, en donde relataba lo ocurrido en la casa del entonces presidente electo, José López Portillo, en la calle de Moctezuma 114.


 


No era tersa la sucesión. López Portillo cuestionaba a su antecesor, Luis Echeverría y hacia alianzas con sus opositores. Miguel de la Madrid odió el momento en que Jolopo se le ocurrió nacionalizar la banca y trató de echar tierra al desastre dejado por su antecesor. Carlos Salinas, limpió la herencia delamadrista y sólo dejó a los más cercanos colaboradores que él mismo impuso a De la Madrid.


 


Ernesto Zedillo, agachó la cabeza ante Salinas Presidente, pero preparaba un giro de 180 grados a la política nacional y enterrar en el descredito a su antecesor. Zedillo dejó a Vicente Fox, con una información raquítica y este dejó a Felipe Calderón poca información de su paso en la administración pública.


 


Calderón tuvo algunos sobresaltos en el manejo de entrega recepción con el equipo de Enrique Peña Nieto, pero no fue tan aderezada con cumplidos y caballerosidad como la actual con López Obrador. En todos, los casos anteriores no había gabinete del equipo entrante. Sólo el de salida. Eso cambio los factores de la ecuación, para bien.


 


Un detalle que no debe dejar pasarse de vista: peña ha accedido a reunirse con AMLO en Palacio Nacional, respetando la decisión del presidente electo de no acudir a Los Pinos, donde se encuentran las oficinas del Presidente de la República, actualmente. Es una cortesía que habla mucho de los últimos días de la actual administración.


 


Los cambios civilizados de gobierno, hablan de la madurez de un país y el inicio de un proceso inteligente en la administración pública.






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