Domingo 5 de Agosto de 2018

Domingo 5 de Agosto de 2018 10:11 am

AMLO, en los cuernos de la Luna | EDUARDO RUIZ HEALY


Andrés Manuel López Obrador ganó clara, inobjetable y contundentemente la elección del 1 de julio pasado, obteniendo el 53.2% de los votos emitidos, que es el mayor porcentaje recibido por un candidato presidencial triunfante desde la elección de 1982, donde el priista Miguel de la Madrid acaparó el 71.0% de la votación.


Los cuatro antecesores inmediatos del próximo presidente no fueron capaces de ganar como él. Ni Carlos Salinas, con todo y el fraude electoral que De la Madrid y su secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, perpetraron en 1988 a su favor y en detrimento de Cuauhtémoc Cárdenas. Salinas “ganó” con el 50.4% de los votos y, seis años después, Ernesto Zedillo con el 48.7%. En 2000 Vicente Fox triunfó al conseguir el 42.5% de la votación. Su sucesor, Felpe Calderón, obtuvo en 2006 el 35.9%. Finalmente, el saliente Enrique Peña Nieto se hizo de la presidencia en 2012 con el 38.2%.


La mayoría absoluta que obtuvo en su elección más las victorias de los morenistas, pesistas y petistas que le dieron el control del Congreso de la Unión y de la mayoría de los congresos estatales, han permitido que Andrés Manuel actué con como nunca antes lo había hecho un presidente electo. Sabe que le debe la victoria a quienes por él votaron y no a un partido político o grupo de interés. Eso le da la independencia y autoridad que ha demostrado desde la noche en que triunfó.


 


 

Él y los suyos han actuado como si pertenecieran a un gobierno paralelo al de Peña Nieto, quien junto con sus derrotados priistas ha optado por mantener un bajo perfil y colaborar hasta donde pueda con quien será su sucesor.


AMLO ha hecho públicas sus intenciones y la verdad es que pocos han manifestado su inconformidad con la mayoría de ellas. Las críticas que más se han escuchado son contra lo que fueron algunas de sus promesas de campaña, como el reducir los sueldos de los funcionarios de alto nivel, descentralizar al gobierno federal y crear super delegados en cada entidad. Mención especial merece el alud de protestas que le generó anunciar los nombres de los inexpertos que se harán cargo del sector energético, entre ellas el antes mencionado Bartlett.


López Obrador ha respondido a algunas de las críticas expresadas en contra de sus decisiones, especialmente en lo que a la designación de Bartlett se refiere. Y lo ha hecho realmente como una mera cortesía hacia sus detractores porque sabe que la magnitud de su victoria le permite actuar como le plazca. Total, sus seguidores lo apoyan y desde que fue electo a aumentado su popularidad, según algunas encuestas.


A un mes de su triunfo, Andrés Manuel está en los cuernos de la Luna y no veo que alguien lo vaya a bajar de ahí en el corto plazo.








 

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