Viernes 3 de Agosto de 2018

Viernes 3 de Agosto de 2018 09:46 am

Inteligencia gubernamental no morirá | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

Materialmente todos los gobiernos del mundo, tienen sistemas de inteligencia política; otros más tienen de inteligencia criminal. Son servicios fundamentales para la estabilidad de una sociedad y materialmente considerados como pilares de la “seguridad nacional”.


 


En México, los servicios de inteligencia no son modernos. Desde el Virreinato, y seguramente en la época precolombina, existían espías para buscar enemigos del Estado. Ya en la época independiente se dieron varios grupos que hacían esas actividades para liberales y conservadores, quienes se peleaban entre ellos, descuidando el manejo de información de Estado sobre los movimientos de naciones que tenían el ojo puesto en el país, por las enormes riquezas.


 


Francia, Estados Unidos, Inglaterra y otras naciones, tenían espías en el país y cándidamente nuestros gobiernos se daban cuenta, pero preferían pelearse domésticamente a defender en in solo bloque nuestra nación. Entretenidos, liberales y conservadores, dejaron que nos invadieran, murieran miles de mexicanos (civiles y soldados) y nos sumieron en una miseria brutal debido a que solicitaban créditos para comprar soldados (mercenarios) y armas a esas naciones. Después, ante la morosidad en los pagos de la deuda, se sentían con derecho a invadirnos. Porfirio Díaz, puso énfasis en la inteligencia de seguridad nacional y así evitó invasiones extranjeras, pero no usaron la información para establecer políticas públicas para beneficio de la sociedad.


 


Al leer la historia del siglo XX, encontramos que desde la asunción del PRI (PNR) con Plutarco Elías Calles, se sofisticaron esos servicios en dos ramas: una de inteligencia política interna donde espiaban a la clase política y militar para mantenerlos controlados y una pequeña parte para la inteligencia diplomática.


 


Es importante tener información política y social, así como de nuestro entorno internacional. Esa labor debería haberla hecho el Cisen, que debilitado desde la administración de Ernesto Zedillo y materialmente dejado como una pequeña oficina burocrática con Vicente Fox. Sólo se dedicaban a colgarse de las líneas telefónicas y seguir a algunos personales políticos y sociales. No tenían el área de obtención de información y la de análisis social; toda la información de seguridad nacional la obtenía el gobierno mexicano de nuestro vecino del norte.


 


Surgieron varios organismos de inteligencia. Gobernación tenía su oficina de espionaje; el Estado Mayor Presidencial, la suya para surtir de información hasta trivial al Presidente, El Ejército y la Marina, con las suyas y las Procuradurías de Justicia Federal y de los Estados, las suyas especializadas en criminalidad. Todos estos grupos están desarticulados y sólo sirven para los intereses del político en el poder estatal o federal, así como para quienes aspiran al poder desde las mismas estructuras gubernamentales.


 


La decisión de Andrés Manuel López Obrador, de desaparecer al Cisen es positiva, porque se había convertido en un “ente” de espionaje vulgar y corriente. Sin embargo, deberían definirse las actividades de inteligencia política, diplomática y criminal. La información la debe evaluar el Presidente de la República en esas materias, pero con el espacio de operación para defender los intereses de la sociedad y hacer un lado el interés del político en el poder. Es el objetivo a seguir, aunque es complicada la operación.






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