Miércoles 1 de Agosto de 2018

Miércoles 1 de Agosto de 2018 11:35 am

Niños vulnerables a depredadores | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

En viajes que he realizado a varios países, en el ejercicio de mi trabajo como reportero, he visto la diferencia entre países con principios y naciones salvajes. Eso se nota en el trato para los niños, la defensa de su integridad y sus vidas, además de su alto nivel educativo. Forman a las siguientes generaciones bajo el cobijo de sus padres y el Estado entero.


 


México, no está entre las naciones que protegen a sus siguientes generaciones. Vemos en las calles la explotación laboral de miles de niños a manos de sus padres y mafias especializadas en la esclavitud de los infantes. Se sabe, en el mundo, que nuestro país es el segundo destino, después de Tailandia, como destino de turismo sexual infantil.


 


No hay estadísticas. Nadie grita en el Congreso para frenar ultrajes y asesinatos con niños en el país. Vemos como niñitas son secuestradas, violadas y asesinadas. Pero no son ellas, sino también niños, varones, que sufren el mismo destino. Nadie se preocupa en el Estado Mexicano por ellos. Simplemente, los abandonan a su suerte y a merced de sabandijas que aprovechan la impunidad que existe en el país.


 


Hace algunos años, en un viaje a Israel, me sorprendió no encontrar un solo niño lejos de la mirada vigilante, no sólo de sus padres, sino de las autoridades policíacas. Ellos tienen el derecho de cruzar una calle, aunque se detenga el tránsito de vehículos. Son primero los niños.


 


En Dinamarca, en otro viaje, ocurrió lo mismo. En Finlandia, la educación es lo primero y se le dan herramientas para enfrentar su futuro y no quedar en desventaja ante nadie.


 


Allá, los niños son primero. Entre mayor es el nivel educativo, académico y de respeto a las leyes, es mayor el clima de crecimiento de un menor de edad, que va desde su nacimiento hasta los 16 años. Después, están bajo la vigilancia de sus padres, pero los impulsan a buscar mejores horizontes. Para ello trabaja el Estado. Para un mejor futuro de sus habitantes; de sus ciudadanos.


 


En México, se aprecian como parte del paisaje a niños que están pidiendo limosna o son utilizados como instrumento de “misericordia” para explotadores que piden limosna en su nombre. Esos niños, se ha descubrieron, son narcotizados para ese sólo objetivo. Pasan hasta 24 horas dormidos y muchas veces mueren de hambre.


 


Nuestros legisladores, hombres y mujeres por igual, simplemente están preocupados por quienes dan votos. Exigen, lo que está completamente justificado, mayores penas para quienes atacan y asesinan a mujeres. Incluso crearon una alerta de feminicidios que es el castigo para gobernadores estatales ante su incompetencia para enfrentar a los agresores de féminas.


 


Pero, en cuanto a los niños. Ellos no votan y, por lo consiguiente, no importan para nuestra “gloriosa” y “culta” clase política. Por ello los abandonan; al final de cuentas ni sus padres los quieren. Un crimen que crece con el arribo de indocumentados centroamericanos.






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