Viernes 6 de Julio de 2018

Viernes 6 de Julio de 2018 08:30 am

La nueva política exterior de México | CARLOS RODRÍGUEZ Y QUEZADA

En su primer discurso como ganador virtual de los comicios, Andrés Manuel López Obrador hizo referencia, entre otros temas, a algunos aspectos de lo que será la política exterior de su gobierno a partir del 1o. de diciembre próximo. Aun cuando hay un variado abanico de temas que la componen, fijó como pilares dos aspectos sobresalientes: la no intervención en los asuntos internos de los países del orbe y la autodeterminación de los pueblos, principios consagrados en el Artículo 89 de la Constitución Política.


 


Estos principios -que ya existían de tiempo atrás-, fueron incorporados en la Carta Magna durante el gobierno del presidente Miguel de la Madrid, pues tenían como propósito ser un mecanismo de defensa en contra de las continuas incursiones de Estados Unidos en los asuntos internos -y externos- de México, teniendo en cuenta que eran tiempos del Grupo Contadora, del Grupo de Río y de otros mecanismos de solución pacífica en los que se involucró México para evitar que la sangre y la violencia se desataran en Centroamérica.


 


Esos principios fueron piedra de toque en la política exterior del momento porque eran necesarios como protección y resguardo ante los frecuentes ataques a la soberanía en toda la historia y sobre todo en la segunda mitad del siglo pasado ante conflictos regionales tan relevantes como Cuba y los ya mencionados. Pareciera que AMLO los está reviviendo para evitar confrontaciones con otros países latinoamericanos de tendencia izquierdista, como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, primordialmente.


 


El tema a dilucidar es si conviene a México hacerlo en estos momentos, porque eso significa modificar sus relaciones con otros países regionales como Perú, Chile, Colombia, Brasil, Argentina, Uruguay, etc. que son democracias de centro y de centro derecha, con los que el gobierno de México ha estado trabajando sobre todo en asuntos alusivos a la situación interna de Venezuela que día a día se deteriora más y en destacados proyectos de integración económica y comercial.


 


La gran pregunta es si esa nueva posición de política internacional incluye que la comunidad internacional no se involucre en los asuntos internos de México, porque estos preceptos tienen doble vía:  la defensa de la soberanía nacional y la segunda para no afectar la soberanía de terceros. En este último caso, pareciera que la tendencia de AMLO es a efectuar un cambio de la política que han seguido los últimos gobiernos mexicanos, esto es, sí tomar posiciones que eviten tocar la soberanía de países tales como Venezuela y respetar su autodeterminación.


 


Y en el lamentable caso de Nicaragua, ¿México se abstendrá de tomar posiciones en torno a este conflicto interno, cuando el régimen de Daniel Ortega lleva más de 300 asesinatos? ¿En el caso de Bolivia, nos vamos a quedar callados ante las pretensiones de Evo Morales de buscar una nueva reelección y seguir así ya indefinidamente, al igual que lo está haciendo Nicolás Maduro en Venezuela, violentando, en ambos casos, las disposiciones constitucionales para mantenerse en el poder?


 


En los dos países hay protestas sociales por el deterioro de vida y porque se están conculcando los derechos civiles y sociales de la población en condiciones no vistas antes. Venezuela es un caso ejemplar. Es lamentable que en varios países de la región se haya utilizado la democracia para tratar de perpetuarse en el poder, como es el caso de Venezuela, Nicaragua y Bolivia.


 


¿Habrá una regresión en el tema de los derechos humanos, en el que, por convicción o por la fuerza, México ha tenido  avances relevantes en la promoción e investigación de estos derechos, porque interfieren en el respeto a nuestra soberanía? Me parece que no. Sería un error tremendo y un retroceso en lo que hemos logrado.


 


En fin, éstos son tan sólo unos ejemplos y comentarios sobre las breves palabras de AMLO la noche de 1o. de julio. Es evidente que la cancillería de AMLO tendrá que explicar con todo detenimiento qué, porqué y cómo va a aplicar estos principios de política exterior. Lo que yo pienso es que tiene que analizarlos con sumo cuidado y tomar decisiones congruentes con la situación actual del mundo. Si lo va a hacer para que no se acuse a su gobierno de títere de los Estados Unidos, tal y como ocurre actualmente con el gobierno de Enrique Peña Nieto, el que, en opinión de expertos, se ha “vendido” a Estados Unidos en aras de salvar la negociación del Tratado de Libre Comercio, estará cometiendo un error de cálculo que puede traer complicaciones futuras.






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