Jueves 5 de Julio de 2018

Jueves 5 de Julio de 2018 08:53 am

De la mediocridad | CARLOS RODRÍGUEZ Y QUEZADA

Antes que nada, aclaro que hace muchos años dejé de ser “fan” del futbol mexicano, así que pierda la selección mexicana no me afecta en lo absoluto, ni sufro ni me desgarro las vestiduras por sus frecuentes y desastrosas derrotas. Y ese lamentable papel recurrente de la selección mexicana, ahora en la lejana Rusia, me lleva a analizar el porqué de sus pésimas actuaciones.


 


Los futbolistas mexicanos son de excelente factura, aun cuando existe una buena cantidad de ellos que son bastante mediocres para ocupar puestos en la primera división. El problema es que hay bastantes mediocres que son los que llegan a portar la camiseta nacional. A mi juicio todo esto de la calidad del futbol mexicano tiene un solo destinatario: los dueños de los equipos.


 


En efecto, en ese afán de lucro desmedido, los dueños han hecho a un lado la calidad de sus equipos para llenar las plazas con jugadores mexicanos que gozan de nombres y apellidos digamos, de prosapia, con resultados no muy claros, pero sobre todo se han llenado de jugadores que contratan del extranjero de escasa calidad y con altos contenidos de mediocridad, pero que aterrizan en nuestro país provenientes de equipos famosos de otros países, que prestos se deshacen de ellos a cambio de recibir buenos dividendos por su venta al futbol mexicano.


 


A esos jugadores se les pagan jugosos salarios en dólares  y rinden muy poco en la cancha, pero sobre todo, le quitan el puesto a un mexicano que se parte el espinazo por competir contra ellos para destacar en el deporte. Así que generalmente el jugador mexicano se pasa sus buenos años sentadito en la banca esperando una oportunidad que generalmente no llega. Y uno se pregunta el porqué está ese jugador tan malo jugando en equipos nacionales cuando puede haber mexicanos tal vez mucho mejores, pero no tienen apellidos extranjeros que llamen la atención de la clientela, o porque el favoritismo y amiguismo tan arraigado en la cultura mexicana, les hace destacar sobre los otros, que tienen más méritos.


 


Y así como ocurre en los equipos nacionales, igual o peor ocurre con la selección, que se supone debe ser el equipo de equipos porque debe estar integrado por lo más selecto de jugadores mexicanos. Éstos hacen todo lo posible por destacar, pero se enfrentan al freno político y técnico que les han impuesto el entrenador, los dueños y la federación. Prácticamente vemos que los integrantes actuales de la selección vienen jugando desde hace varios años, lo que implica que no han salido nuevos valores, más que unos cuantos que no pueden solucionar un partido a favor de México.


 


Y en tanto los dueños y la federación sigan haciendo de las suyas para llenar sus bolsillos, los equipos y, sobre todo, la selección nacional, el futbol mexicano en general seguirá mostrando esa mediocridad que arrastra desde hace más de 40 años, sin pasar de la primera o segunda rondas en los campeonatos mundiales. Es muy fácil culpar a los jugadores por perder un partido, que sí los hay y muchos los culpables, pero si realmente existiera un plan de trabajo serio y de largo aliento, el resultado sería bien distinto. Y ni qué decir de los entrenadores, todos igual de mediocres, nacionales y extranjeros, ratoneros, sin estrategia, ni táctica, ni mucho menos con educación técnica que lleve al equipo a otros niveles de calidad.


 


Todo ello llevaría a evitar tanto bochorno y ridículo que viene arrastrando el futbol mexicano en el mundo desde hace bastantes años y nos evitaría que los contrarios en la cancha se burlen y hagan escarnio de tanta mediocridad que parece no tener límite en la selección mexicana. Pero eso sí, los bolsillos están llenos de aquellos que compran y contratan jugadores extranjeros que son igual o peor de mediocres que los nacionales y que no tienen la menor idea de cómo se maneja un equipo nacional. Entonces no nos quejemos del pobre papel y del ridículo del seleccionado mexicano en Rusia y de lo que viene.






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