Viernes 29 de Junio de 2018

Viernes 29 de Junio de 2018 10:42 am

La hora cero | CARLOS RODRÍGUEZ Y QUEZADA

México está a escasas horas de iniciar un nuevo proceso electoral en su corta historia democrática, en la que ha habido de todo. Es cierto que han prevalecido avances significativos en la educación democrática de la población, mas no así en la clase política, la que se mantiene exactamente igual que hace 50 años. Mañosa, marrullera, tramposa y, sobre todo, corrupta. Corrupta al extremo.


 


Cuando  llegó la transición gubernamental hace ya largos 18 años, pensé que teníamos frente a nosotros un panorama inédito por el advenimiento de una nueva clase política, respetuosa, con una nueva concepción de hacer gobierno pero, sobre todo, no proclive a la corrupción, cáncer que acompañó al PRI en su larga historia gubernativa. Pero oh sorpresa! Los nuevos llegaron igual o peor que los anteriores, no sólo por su incapacidad para resolver los ingentes problemas del país, sino que arribaron con las uñas y dedos bien afilados para meter la mano en los presupuestos y para hacer toda clase de negocios oscuros en un afán impresionante de enriquecerse con toda clase de transas.


 


Y así fue con todos los gobernantes de todo signo político y de toda clase de colores e ideologías. La consigna fue clara: tomar toda oportunidad para asaltar las arcas de donde fuera, así fueran municipios, estados, gobierno federal, congresos y toda clase de puestos públicos. Los cuatro candidatos a la presidencia de la república, sin excepción, cargan serias acusaciones de corrupción, sea porque con su propia mano tomaron dineros públicos o porque se prestaron a toda clase de negocios negros de amigos, familiares y grupos políticos y empresariales.


 


Ha sido todo un escándalo la forma en que en los últimos años, con todo cinismo, todos se han enriquecido a la vera presupuestal y haciendo transas con aquel que se presta a ello. Al lado de la enorme pobreza que arrastra la mitad de la población, pasan autos super lujosos, yates, relojes, anillos y toda clase de prendas masculinas y femeninas, que quitan el aliento por su belleza y precios inimaginables.


 


Esta es la clase política mexicana. Cuatro candidatos presidenciales que acusan deficiencias en su carrera política; cuatro candidatos que cargan sobre sus hombros serias acusaciones de corrupción y de arreglos en lo oscurito porque para eso son los amigos, los familiares y los acuerdos en la sombra para enriquecerse y para conseguir apoyos financieros y votos a la hora de las elecciones.


 


No hago mención a la conciencia de ellos, porque parece claro que no la tienen y no les importa al final del día porque para ellos el fin justifica los medios. Y si no, hay que verlo con López Obrador que ha vendido su alma al diablo consiguiendo apoyos y recursos de gente tan nefasta y oscura como jamás se había visto. Los otros tres tampoco cantan mal las rancheras a la hora de aceptar gente proveniente de otros partidos, que sólo aspiran a obtener un hueso seguro en su gobierno. Cucarachas, ratas, y sin fin de calificativos que se han ganado del imaginario popular.


 


Así está México este fin de semana. Qué mal estamos al no tener otras alternativas; que no haya aspirantes mejor calificados, mejor preparados, con otro nivel de entendimiento de lo que debe ser un gobernante honesto y dispuesto a hacer de México un país más justo y menos corrupto. Qué pena que sólo nosotros seamos capaces de producir candidatos tan malos, que arrastran serias acusaciones de corrupción y de mal gobierno. Estamos fritos. Qué nivel, como diría mi compadre. Qué tristeza diría yo.






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