Viernes 29 de Junio de 2018

Viernes 29 de Junio de 2018 09:45 am

La cuarta transformación | MARIO LOPE HERRERA

Andrés Manuel López Obrador cree que el movimiento que representa le dará a México la cuarta transformación que todos los ciudadanos esperamos. Lo declara como si fuera un axioma, como un hecho inexorable, patriota e histórico. Nada más falso.


 


La historia no se predice. Aquellas palabras no son ergonómicas al movimiento del tabasqueño. Las tres transformaciones de México no sucedieron en 6 años, para empezar. La independencia fue un acontecimiento que desestabilizó a un sistema monárquico en plena guerra con Francia que duró once años. La Reforma fue una lucha encarnada entre liberales y conservadores que demoró casi diez años con mucha sangre derramada. Y la Revolución tuvo su colofón con Lázaro Cárdenas en el poder, dejando tras sí veinte años de luchas facciosas y una Revolución Cristera. AMLO se equivoca.


 


Las transformaciones sociales no se dan desde el poder sino en contra del poder.


 


Un cura que se hartó de los abusos fiscales de la corona española, un indígena oaxaqueño que puso fin a los privilegios eclesiásticos, y un empresario que despertó la conciencia democrática de un país en pleno amanecer del siglo XX, no se comparan con un político que utiliza el discurso como herramienta mesiánica y explota su imagen como mártir del hartazgo nacional. Las revoluciones no las hace el poder, al contrario, las repele. AMLO es parte del poder y no puede servir a dos señores. Terminará repugnando a uno. El tabasqueño ya mostró a cuál de aquellos sirve.


 


Para llevar a cabo una cuarta transformación social en México se necesita más que un sexenio y un sui generis liberal mesiánico mimetizado de derecha. Se piensa que el problema sustancial es el económico. En los debates presidenciales, si se habla de educación, se remiten a hablar de la maestra Elba Ester Gordillo, el SNTE, la CNTE, los sueldos de los maestros, lo poco preparados que están, que si deben ser o no evaluados, que si la reforma educativa fracasó, etc. Sin embargo, “El Bronco” dijo algo que muchos soslayaron: la educación y su transmisión es formal e informal. Es decir, intervienen dos instituciones: la escuela y la familia. Cuestión que se ha olvidado por completo.


              


La cuarta transformación de México debe ser educativa. No en términos vasconcelistas ni floresmagonistas ni torresbodetistas. México está lleno de analfabetas funcionales. La transformación educativa llevará muchos años, como los que se llevó quizá la Independencia o la Revolución Mexicana. Pero tiene que comenzar ya. Y nada tendrá que ver con esto Andrés Manuel López Obrador. De hecho, su plataforma de gobierno en materia educativa es pura calina espesa.


 


La educación formal e informal deberá jugar el mejor de sus papeles si queremos ver transformado a México. Y eso dilatará muchos años, muchos.


 


La educación depende de dos factores que la determinan socialmente: el nivel socioeconómico y las zonas geográficas. El antropólogo Gilberto Guevara Niebla afirma que “el sistema educativo, con su forma de operar, contribuye a reproducir las inequidades sociales”. No se puede pensar en construir el tejido social sin antes pasar por el tema educativo. AMLO tiene una receta que, sin antes de meterla a la cocina, ya se le quemó.


 


Hay que separar la educación de la política. “El sistema escolar ha sido visto por los políticos como un aparato capaz de movilizar votantes y de ganar votos en elecciones” (Íbid). La educación está secuestrada no tanto por el sindicato (al fin y al cabo, éste es un vehículo para los fines del partido oficial), sino por el corporativismo que funge como una red clientelar al servicio del poder en turno. El sindicato ha sabido acomodarse a los intereses tanto de ideologías del centro como de derecha e izquierda. Si la educación no se libera de esas mafias corporativistas, difícilmente se logrará algo en esta materia.


 


AMLO, si va a ser presidente de México, es probable que repruebe en materia educativa. No hay un proyecto de nación a largo plazo. La Reforma Educativa vigente tiene como único logro el que los maestros sean evaluados. Más allá de eso, es una reforma laboral. Hay que reestructurar los planes de estudio, los horarios de clases, las materias y la competitividad, la preparación de los maestros (que se proponga la titulación de profesores de primaria, secundaria y preparatoria en las Facultades de Educación o de Antropología o sus equivalentes, y que desaparezcan las Escuelas Normales Superiores).


 


Llevará tiempo cambiar la educación. Sin embargo, una transformación de esta magnitud tiene que ir de la mano de una ruptura generacional, en la que las viejas prácticas sean vistas moralmente inaceptables.


 


@lopeherrera77


mjlope77@gmail.com






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