Martes 19 de Junio de 2018

Martes 19 de Junio de 2018 09:44 am

Jamás un cheque en blanco al presidencialismo | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

El discurso de Andrés Manuel López Obrador, cambió. Ya no pide el voto para él. Ahora pide que le den un cheque en blanco, ya que se da como vencedor de los comicios presidenciales del próximo 1 de diciembre.


 


Definitivamente, quiere tener una presidencia, en caso de ganar porque aún no hay nada escrito, que sea cómoda, sin oposición que pueda frenar sus proyectos, buenos o malos; positivos o negativos. Sabe que, por hacerle la vida imposible, la oposición pondría una serie de obstáculos que poco abonaría a la gobernabilidad.


 


Quiere un pacto, pero sin opositores. Algo parecido a lo que logró al principio de su sexenio, Enrique ´peña Nieto, que le dio oportunidad de firmar el llamado Pacto por México y echar para adelante las llamadas reformas estructurales.


 


Sin embargo, no buscará reformas estructurales para motivar las estructuras que motiven la creación de empleo mediante el estímulo al crecimiento del sector privado, sino para que el gobierno adquiera más poder y dinero.


 


A lo largo de la historia, se le han dado poderes supraconstitucionales al Presidente de la República y, así, mantiene el control del país. Los mexicanos necesitamos un auténtico equilibrio de los poderes de la República y que se observe una oposición parlamentaria, como la que actualmente ocurre en con Peña Nieto. Aunque tenga mayoría en el Congreso, observa la oposición drástica de otras formas de pensar, incluso la de Morena, partido de López Obrador.


 


Estoy de acuerdo con Enrique Krause en promover el voto diferenciado. Es sano para el país. Que el Presidente en turno se preocupe en convencer con argumentos a los opositores para lograr sus objetivos. Entregar un cheque en blanco, nunca.


 


Los políticos podrían tener toda la confianza si hubieran demostrado madurez. Sin embargo, a lo largo de nuestra vida independiente, en lugar de convertir en una potencia al país, sus luchas internas y armadas, entre liberales y conservadores, hundieron al país en la miseria al contratar deuda externa para mantener ejércitos a los servicios de los políticos.


 


Si vivimos en una mediocridad es gracias a los políticos, ya que los mexicanos trabajamos intensamente para mejorar nuestras vidas y los políticos son el obstáculo más grande. No se ganan nuestro respeto. Y, dudo que lo hagan en el futuro.






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