Miércoles 13 de Junio de 2018

Miércoles 13 de Junio de 2018 12:52 pm

Tres debates tres | CARLOS RODRÍGUEZ Y QUEZADA

En un país normal, donde el imperio de la ley se imponga sobre todos los ciudadanos y en donde la democracia sea la roca que dé sostén a la estructura de la convivencia, los cuatro candidatos a la presidencia que vimos anoche en el último debate, todos, deberían estar en la cárcel.


 


Y es que el mar de corrupción, de robos, de transas, de componendas en las que los cuatro navegan, es para que estuvieran purgando largas condenas por todo lo malo que han hecho durante sus largos años haciendo de las suyas en el sector público. Desde un candidato que lleva años sin trabajar, viviendo de los impuestos que paga la gente y haciendo toda clase de trampas y corruptelas; hasta aquellos acusados de incompetentes, de jugar con el dinero público, de robo, de malversación de fondos, hasta de lavado de dinero, esos, todos, en otro país estarían purgando largas condenas.


 


Pero no contamos que estos candidatos son mexicanos y pretenden gobernar un país llamado México, donde nada ocurre, donde todo es posible, desde lanzarse toda clase de acusaciones frente a millones de personas que los están viendo y escuchando, hasta sentarse frescos sin hacer ni decir nada, porque reconocen que todo lo que les zorrajan en el rostro es verdad. Desfachatados como son ni sufren ni se in mutan porque los cuatro son santos, jamás han hecho algo malo.


 


Un candidato que tiene como programa regalar todo porque para eso está el gobierno, para mantener a millones de pobres y a otros millones más de haraganes que esperan ansiosos las dádivas provenientes del cielo por hacer nada. El mismo candidato que se ha rodeado de ladrones, corruptos, asesinos, y que no sólo eso, sino que la gente le aplaude que tenga a su servicio esta clase de gente que le va a proveer de algunos cientos o miles de votos. Pura prostitución.


 


Otro candidato que personalmente puede ser el mejor porque dicen que no es corrupto y porque dicen ha probado ser un buen funcionario, pero que está inmerso en el mar de la corrupción que despide el gobierno actual, y por ende, muy a pesar suyo, poco puede aportar a la limpieza de su carrera hacia la presidencia.


 


Luego, está otro acusado de hacer negocios sucios al amparo de sus puestos oficiales, hasta de lavado de dinero, pero que no ha sido llevado a la justicia porque no se le han probado las acusaciones, las cuales sí podrían tener sustento, a pesar de que huelen más a golpes bajos de carácter político para bajarlo de su nube, sin que se escape de su aparente inocencia.


 


El cuarto, también arrastra su larga cauda de corrupción y manejos sucios de los fondos públicos, además de que su incompetencia lo hace reconocido en el ambiente gubernamental como un campeón de la magia de la corrupción.


 


Y así navegan los cuatro. Los cuatro llevan cargando a cuestas malos manejos públicos y malas compañías -sobre todo éstas últimas-, que deberían hacer dudar a los votantes en otras latitudes, pero no en México, porque nada nos sorprende y nada nos importa. Así llegaremos


el primero de julio, sin saber nada ni entender nada de las corruptelas, incompetencias y transas de los cuatro. Sabemos que los cuatro son pésimos candidatos, pero aún así votaremos a favor de uno de ellos, porque conformistas como somos, elegiremos al “menos malo”. Simplemente porque todo “nos vale”.


 


Estos son los reflejos de los tres debates de los candidatos a la presidencia de este pobre país. Pobre por nuestra ancestral miseria y pobres por la pobreza de candidatos que tenemos frente a nosotros.


 


¿En qué lugar de este mundo habrá gente que piense y actúe como nosotros los mexicanos?






Déjanos tu comentario