Miércoles 16 de Mayo de 2018

Miércoles 16 de Mayo de 2018 09:14 am

Teoría de la conspiración 8: Nuño y Ochoa, ¿frenos? | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

En otro rincón de los conspiradores, hablan de los heridos que dejaron a su paso la dupla Enrique Ochoa, ahora expresidente nacional del PRI, y el coordinador de la campaña de José Antonio Meade, Aurelio Nuño. Ambos desmantelaron la mitad de los comités estatales de ese instituto político y causaron un grave daño a la campaña presidencial tricolor.


 


Claro, esas decisiones no se toman sin el consentimiento de su máximo jefe, el presidente Enrique Peña Nieto. Tuvieron, cuando menos que haberlo consultado con el Presidente, la decisión de destruir al Partido Verde en Chiapas, al insistir en colocar a Roberto Albores como su abanderado. Priistas y verdes, estos encabezados por el gobernador Manuel Velasco, obviamente no lo querían. Los tricolores debido a que Albores se apoderó del partido y se mantuvo ilegalmente en el puesto durante más de 3 años.


 


Con los verdes tenían dos cartas, una local con Fernando Ramírez y la nacional con fuerte presencia en el Estado, Luis Armando Melgar. Sin embargo, ambos fueron despreciados desde el CEN priista y le apostaron todo “a perder”. Sí, con Albores perdían y lo sabían. Con los verdes le hubieran dado el triunfo en el gobierno local y, además, más de un millón de votos para el PRI.


 


Esta historia se puede repetir en varias de las entidades. Zacatecas, Coahuila, Tamaulipas, Veracruz, Tabasco, Puebla, Oaxaca, Chihuahua, entre otras entidades, también sufrieron imposiciones. En materialmente todo el país, el capricho de Ochoa y Nuño debilitaron la estructura priista que poco a poco se desmoronó y se refugió, en busca de poder y dinero, con su capital político, en os brazos de Andrés Manuel López Obrador y Morena.


 


Las heridas en los pilares del priismo, como Manlio Fabio Beltrones, Enrique Jackson, Miguel Osorio Chong, Beatriz Paredes, entre otros de menor calado como Ivonne Ortega, Eruviel Ávila, entre otros, parecen incurables.


 


Esto en el ámbito nacional, pero en los Estados y municipios también metieron la mano y trastocaron las estructuras políticas y electorales de los tricolores.


 


Por ello, saltan preguntas conspirativas: ¿a qué y en favor de quién jugaron Nuño y Ochoa, porque no fue en pro de Meade? ¿René Juárez, nuevo líder del PRI, podrá sanar las heridas abiertas que dejaron los políticos bisoños? ¿Podrá Meade anteponerse al daño generado por “fuego amigo” para reputar con energía rumbo al 1 de julio?






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