Miércoles 18 de Abril de 2018

Miércoles 18 de Abril de 2018 10:15 am

Slim le puso el cascabel al gato | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

No había pasado una hora que el magnate Carlos Slim Helú había salido en defensa de la construcción en Texcoco del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, cuando salió “ofendido” el candidato y dueño de Morena, Andrés Manuel López Obrador a amenazar con el cierre de a construcción de esa terminal aérea.


 


Llevamos, cuando menos en este espacio, más de 30 años en exigir la construcción de un nuevo aeropuerto, ya que el actual es obsoleto, un cochinero y un nido de intereses y corrupción. Si bien la construcción en Texcoco no era la mejor opción técnica, si en cuanto a espacio y seguridad aérea.


 


Quitar Santa Lucia era poner más lejos el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México que estaría unos kilómetros más cerca que el proyecto impulsado por Miguel Ángel Osorio Chong a través de Manuel Ángel Núñez Soto. Construir un aeropuerto en cualquier parte del planeta es factible. Se han edificado en medio del mar e incluso existen portaviones, como enormes plataformas que navegan.


 


Construirlo en mantos fangosos como en Texcoco es posible, factible y seguro. Sin embargo, para AMLO es un capricho el que no se construya ahí un nuevo aeropuerto y, lo que es peor, no le interese la seguridad de loa habitantes de la capital del país, que gobernó por 5 años a principios del milenio. Slim, después de decenas de preguntas para demostrar sus diferencias con López, mostró su preocupación por las inversiones en el país, si el dueño de Morena le da el mismo tratamiento que al del NAICM.


 


No está en juego su capricho político sino miles de millones de pesos de trabajadores a través de sus afores y de inversionistas que destinan el dinero para crear empresas y empleos. Quizá sus asesores deberían orientar a El Peje, para evitar declaraciones al estilo de Luis Echeverría, que en forma impulsiva pueden ahuyentar la inversión.


 


Quizá no le entienda, pero lo seguro es que cualquier palabra puede hundir al país o proyectarlo a mejorar la vida de los mexicanos. México no se puede gobernar con puntadas.






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