Lunes 9 de Abril de 2018

Lunes 9 de Abril de 2018 11:35 am

Peña, Trump y el silencio | RAMÓN ALBERTO GARZA

No debe ser fácil para ningún presidente en el mundo ser contestatario y desafiante ante quien se ostenta como el mandatario más poderoso del planeta.


Menos aún cuando el jefe de Estado desafiante comparte una frontera de más de tres mil kilómetros de vecindad permeable a todo, desde inmigrantes, comercio, drogas, dinero, contrabando, cultura, terroristas o armas.


Por eso es digna de elogio la postura del presidente Enrique Peña Nieto cuando el viernes pasado decidió ponerle un alto a tanto insulto generado desde la Casa Blanca por su megalómano, egocéntrico y anti-mexicano inquilino.


A lo largo de 15 meses de gobierno extremista de Trump, México viene soportando con paciencia el golpeteo sin misericordia, respondiendo con una diplomacia que por lo visto no surtió el efecto deseado.


Desde que se instaló en la Casa Blanca, los mexicanos somos el buleado favorito de un Trump sin brújula, que un día cancela el TLC y otro lo rehabilita, un día exige que México pague su caprichoso e inútil muro fronterizo y al no encontrar respuesta, militariza la frontera.


Por eso es elogiable el golpe de timón del presidente Peña Nieto. Para responder lo que la diplomacia Videgaray largamente se venía postergando, esperando que el puente con Jared Kushner funcionara. Nada de eso.


El mandatario mexicano optó por una declaratoria enfática que debió herir a Trump en lo más profundo de su ego, porque más que una definición política se trató del psicoanálisis de su enfermizo manejo del poder.


El presidente Peña Nieto le dijo a Trump. “Si usted quiere llegar a acuerdos con México estamos listos…. Pero si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos. No vamos a permitir que la retórica negativa defina nuestras acciones”.


El mandatario mexicano dio en el clavo. Las rabietas de Trump sobre nuestro país son producto de su incompetencia para ganarle, por lo menos un round, a sus detractores de casa.


Ni en el Rusiagate, ni en el reemplazo del Obamacare, ni en el presupuesto que él quería, ni en su inestable y debilitado Gabinete, ni en su guerra comercial con China, ni en la pérdida de respaldo republicano, mucho menos sus escándalos sexuales. Por donde se le vea, es un desastre.


Por eso, como “el loquito de la clase”, frente al maestro que lo exhibe y los compañeros que se carcajean de él, Trump, ególatra, bravucón y pendenciero, se buscó un patiño y creyó encontrarlo en México. Pero el presidente Peña Nieto le salió respondón.


Desde la clase política, empresarial y los liderazgos sociales mexicanos hasta medios como el Washington Post que calificó la posición de Peña Nieto como “notable”, todos –excepto por supuesto Trump y su gobierno- aplauden lo dicho por el mandatario mexicano.


Por eso lo que hoy más preocupa es el silencio del ruidoso tuitero de la Casa Blanca, que nada dice sobre algo que sin duda él considera que es algo más que una afrenta. Es la exhibición descarnada de su frustrado psique, que nadie se atrevió a denunciar antes.


Sin dejar de reconocer que el presidente Peña Nieto hizo lo necesario, debe tener cuidado con el coletazo del mega ególatra al que exhibió.


No vaya a ser que el silencio de Trump sea apenas la antesala de un contra golpe, que en tiempo de elecciones presidenciales, podría ser mortal. Para el presidente Peña Nieto y para México. A cerrar filas.


 






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