Lunes 9 de Abril de 2018

Lunes 9 de Abril de 2018 10:49 am

Pensión universal, vulgar demagogia | VÍCTOR SÁNCHEZ BAÑOS

Iniciaron las campañas y las promesas están a toda máquina. Algunas son tan fantasiosas que resultan un insulto a la inteligencia del electorado. Dos los candidatos presidenciales prometen regalar dinero; los otros dos el mejoramiento de la economía mediante el impulso del sector productivo y el empleo. Son dos visiones diferentes, pero en ambas se necesita dinero; mucho dinero.


 


Dar dinero a estudiantes, jóvenes, madres solteras o a todos los mexicanos, por el simple hecho de ser mexicanos, mediante una “pensión universal”, representaría generar recursos que México no produce. Tampoco nos dicen cómo hacer realidad sus promesas. ¿Mediante la estatización?, sería imposible. Por eso fracaso la Unión Soviética. Quizá sean hombres de milagros y conviertan el agua en vino.


 


Pero lo cierto, es que se necesita sudor, sangre y conocimiento, para obtener riqueza. Por ello, de donde sacará Ricardo Anaya, del Frente PAN-PRD el dinero para enfrentar la demanda de 127 millones de mexicanos para su “pensión universal”. Si, desde hace casi 50 años, los teóricos de la economía establecían dar dinero a todos para acabar con la pobreza.


 


Ricos y pobres, niños y ancianos, hombres y mujeres, trabajadores y ociosos. Recibirían dinero, por el simplemente de haber nacido. Sin embargo, de inmediato, en el razonamiento económico y social, se descubrió que nadie estaría interesado en trabajar, si sus necesidades estarían solucionadas; además de dónde saldrían poco más de 9 billones de pesos anuales, sólo para regalarlos a los seres humanos nacidos en el país.


 


En cuanto a Andrés Manuel López Obrador, sus promesas no son de locura. Sin embargo, necesita, mucho dinero para lograrse, ya que estaríamos hablando que para ese reparto a ancianos, ninis y otros más, necesitaría casi un billón de pesos más, sólo para cumplir con sus promesas de campaña. Esto resultaría de un crecimiento de la economía de más del 15 por ciento, para destinarlos únicamente para regalarlos. Bueno, ni China creció sostenidamente a ese ritmo. Por ello, es que el riesgo de regalar dinero para una nación como la nuestra, es simplemente un suicidio económico.


 


No es suficiente, y lo comprueba quien use una calculadora y los datos de la economía mexicana, el ahorro de la corrupción, quitarle los contratos públicos a la IP y, por si fuera poco, ahorrando en la burocracia en el país. Prometer, como lo ha hecho la clase política a través de los años, es fácil. Cumplir es, en ese tipo de promesas, imposible.






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