Viernes 6 de Abril de 2018

Viernes 6 de Abril de 2018 08:58 am

Trump ataca de nuevo | CARLOS RODRÍGUEZ Y QUEZADA

Lo venía anunciando y lo cumplió, como cumple todas sus amenazas en contra de México y los mexicanos: la guardia nacional se asentará en la línea fronteriza con nuestro país. Lo que hay que ver es en dónde. Primero amenazó con desplegar al ejército, para luego advertir que será la guardia nacional la encargada de vigilar la frontera en tanto se consiguen los fondos para construir su famosa muralla china.


 


Sólo que hay diferencias entre el presente norteamericano y el pasado de China. Trump no tiene el dinero, ni su país tiene el entusiasmo de meterse a un lío de tal magnitud, ni Estados Unidos tiene frente a sí a un montón de mongoles dispuestos al pillaje, al asesinato, y a la violación sistemática de mujeres, tal como este señor nos ofende todos los días a los mexicanos, como si fuéramos bárbaros.


 


La guardia nacional tiene un componente que la hace especial, porque no es esencialmente un cuerpo armado. Está integrado por reclutas que forman la reserva de las fuerzas armadas.


 


En caso de guerra se integran a las fuerzas militares para combatir al enemigo, pero de acuerdo a la ley están imposibilitados de portar armas, a menos que haya una autorización expresa, como por ejemplo en las reivindicaciones sociales y raciales que enfrentaron a la comunidad afro americana con gobiernos estatales y locales, que concluyeron en disturbios de bastante consideración.


 


El tema de la portación de armas es lo que está preocupando al gobierno de México, porque en realidad equivaldría a la militarización de la frontera y a una amenaza a nuestra seguridad, algo que es inaceptable no sólo para México, sino para todo país que se precie de congruente y consistente con la paz.


 


La peculiaridad es que la guardia nacional no son fuerzas dependientes del gobierno federal, el cual tan sólo publica los decretos de utilización, pero depende de los gobiernos estatales. Tan es así, que de inmediato los gobernadores de Texas y Arizona apoyaron la iniciativa.


 


Está pendiente de decisión el gobierno de Nuevo México y el otro estado fronterizo, California, se especula que no correrá con el decreto de Trump, con quien el gobernador Jerry Brown, demócrata, está peleado a muerte.


 


Ha trascendido que el despliegue será de unos dos mil a cuatro mil reclutas que apoyarán a la policía fronteriza; su presencia durará en tanto se construye el famoso muro y no se ha precisado cuánto tiempo.


 


Todo esto suena muy bien, pero cuando aparezcan los números que va a costar el asunto, es donde varios van a recular, porque la presencia de tantos elementos afectará el bolsillo sea de la federación como de los gobiernos estatales. Y es ahí donde le duele el codo a los gobernantes y causantes de impuestos, acostumbrados a que todo les salga barato.


 


No es la primera ocasión que hay despliegues de la guardia nacional en la frontera, de hecho han sido dos en los últimos años, siempre relacionados con la seguridad fronteriza. En aquellas ocasiones los reclutas estaban desarmados, algo que aún no está aclarado con el señor Trump, acostumbrado a crear pánico. Considero que la respuesta de México ha sido un tanto tibia. La declaración de Peña Nieto, aun cuando mesurada, digna y bien medida, merecía algo más contundente y agresivo, porque es la única manera en que entiende el señor Trump. Que esta actitud conlleva riesgos, pues sí, pero no podemos quedarnos atados de manos toda la vida.


 


Ese ha sido el problema de México a lo largo de muchos años. Nos hemos sometido a todo lo que ellos nos han pedido y ahí están las consecuencias.


 


Pero está bien, con lenguaje moderado y todo, México ya no puede quedarse más callado, dejando que el peor presidente de los vecinos nos siga pisoteando a su gusto y cuando se le pegue la gana.


 


Esto apenas comienza, así que hay que apretarse el cinturón para resistir lo que aún nos falta. El problema es que ninguno de los candidatos a la presidencia mexicana está a la altura de las circunstancias. Con estridencias, buenas maneras y declaraciones inocuas, no se ganan las batallas electorales, ni el respeto de otros.


 


Ya hablaremos en otro espacio de todo esto que involucra a la campaña presidencial actual.






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