Miércoles 21 de Marzo de 2018

Miércoles 21 de Marzo de 2018 10:06 am

Firmas globales capitalizan el desprestigio de Pemex | LUCÍA PÉREZ MORENO

Al empresario gasolinero Radamés García lo cortejaron grupos petroleros durante varios meses para que se uniera, como franquiciado, a sus marcas globales.


Recibió ofertas atractivas, aunque, después de sacar cuentas, dedujo que todas se parecían mucho a la de su franquiciante Pemex. “La posición de muchos extranjeros es que su franquicia es mejor [sólo] porque su marca vale mucho”, comenta con escepticismo.


El grupo que dirige, Saigsa, tiene 28 estaciones de servicio en tres estados, y es atractivo para las marcas de gasolina foráneas que quieren posicionarse en el centro del país.


A finales de 2017, García se decantó por la renovada franquicia de Pemex, lanzada semanas antes, y quedó en los registros como el primero en hacerlo. En su decisión no hubo nostalgias ni consideraciones nacionalistas, aclara García, sino un cálculo frío de negocios. Pemex le amplió el plazo de siete a 30 días para el pago del combustible que le suministra y le garantizó el abasto los 365 días del año.


La nueva historia de Pemex


Pemex no tuvo prisa en relanzar su nueva franquicia y lo hizo faltando unas semanas para que se desregulara el precio de la gasolina. Dos años antes, el presidente Enrique Peña Nieto había adelantado la apertura del mercado de combustibles para enviar una señal contundente de que la reforma energética no sería tan sólo un proyecto sexenal.


En ese tiempo, la Comisión Reguladora de Energía (CRE) entregó más de 30 permisos a nuevos grupos gasolineros y comenzó una reconversión que cubrió todo el país. Se retiraron los distintivos de Pemex de los techos de las estaciones y se instalaron nuevas marcas y pizarras electrónicas con los precios de las gasolinas Magna y Premium. Dado que no había antecedentes de competencia en ese mercado, la mayoría de las nuevas franquicias copió los contratos de Pemex, con mínimas diferencias, y se pirateó a sus empleados.


Entre 2016 y 2017, Pemex perdió 16% de sus franquiciatarios, unas 2,000 estaciones de servicio, de acuerdo con fuentes consultadas. Estimaciones, tanto de las autoridades energéticas, como de analistas privados, indican que, en los siguientes tres años, perderá entre 60% y 70% de sus franquiciatarios. “Si se queda con el 40%, será mucho”, señala Rubén Cruz, socio de la consultora KPMG y quien prevé “mucho movimiento en los próximos años”, dado el tamaño del mercado mexicano que, aunque maduro, aún tiene atractivo.


El año pasado, aunque en el país se vendió menos gasolina que en 2016, debido al aumento de precio, conocido como “gasolinazo”, en valor hubo un aumento de 24%, a 443,050 millones de pesos (mdp).


En la última década, México elevó 60% su consumo de gasolinas y se convirtió en el cuarto importador mundial, según la Secretaría de Energía (Sener). En ese tiempo, el número de estaciones de servicio prácticamente se duplicó y sumó poco más de 11,800 a finales de 2017. Aun así, en opinión de expertos, es una tasa baja respecto del número de habitantes.


El propósito de la reforma energética es incentivar la inversión privada en el downstream, que incluye almacenaje, distribución y venta al público.


Pero, por ahora, no es más que un buen deseo, pues Pemex surte todavía 99.9% de la gasolina y el diésel que se consume en México. Irene Hernández, socia de Energy, Power and Utilities de PWC, ve normal el retraso, dado el tamaño del mercado mexicano y el monto de las inversiones requeridas. “En Brasil se tardaron mucho más tiempo en lanzar las primeras temporadas abiertas”, dice.


Al igual que Cruz, Hernández cree que, en los siguientes tres años, habrá mucho movimiento, y una muestra es que los consultores de energía son muy solicitados. “Muchos inversionistas quieren saber más de regulación, mercado y áreas de oportunidad”, dice.


Por ahora, los nuevos jugadores optan por quitarle a Pemex sus franquiciados. British Petroleum (BP) espera quedarse con 1,500 estaciones en los próximos cinco años; Gulf México habla de adherirse 1,000 franquicias de Pemex; Shell, que inauguró su primera gasolinera a finales de 2017, prevé agregar al año 100 unidades; y Exxon Mobil y Total van por 250 estaciones de servicio, cada una, en los próximos dos años.


Entre las mexicanas, su apuesta es adquirir estaciones de servicio en quiebra. El liderazgo lo lleva Oxxo, que ya va por las 400 estaciones de servicio, casi todas compradas.


En cuanto a Pemex, esperó a que los jugadores importantes se posicionaran, estudió las ofertas que hacen a sus franquiciados e intentó mejorarlas. En el lanzamiento de su nueva franquicia, ante más de 400 empresarios gasolineros, el entonces director general, José Antonio Fernández Anaya, elevó los días de crédito de siete a 28 y abrió la posibilidad de agregar a la franquicia tarjetas de lealtad y nuevos negocios.


 


 

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