Viernes 9 de Marzo de 2018

Viernes 9 de Marzo de 2018 09:33 am

Los políticos mexicanos | CARLOS RODRÍGUEZ Y QUEZADA

La política en México se ha convertido en un lucrativo negocio para aquellos que se deciden a formar parte del entramado de la política y la administración pública. Es más, parece que ya forma parte del modus vivendi, como algo que se ha hecho costumbre y que es una manera de ganar dinero fácil.


 


No sólo eso, todo aquel que decide introducirse en ese mundo de mafias y corruptelas sin límite, sabe que tiene que hacer una cosa muy simple: ir nadando en la corriente y prostituirse para ganar dinero a manos llenas. Ya o hay ideología, no hay interés de trabajar por la comunidad que los elige, no existe el compromiso político con el partido que los acoge. Nada de eso se ve en el político mexicano.


 


Porque lo único que tiene que hacer es venderse y jugar el juego de los intereses de su grupo que se traduce en el compadre, el amigo, el socio, el familiar que es igual que él: interesado en los negocios.  


 


Para que algo funcione o se lleve a cabo en su comunidad, simplemente tiene que ver la manera de que ese proyecto le deje excelentes dividendos económicos al político, o que responda a sus intereses. Sólo así se aprobará y se ejecutará como por arte de magia.


 


Todo esto puede resultar sorprendente, pero en general así funciona el sistema en nuestro país. La corrupción ha ahogado la vida cotidiana de México y se mueve en todos los órdenes. Por eso muchísima gente quiere participar en la carrera política actual, dadas las facilidades y ventajas que ofrece.


 


Tan es así que ahora el político se ha vuelto más cínico que antes y sin empacho alguno se despide de la organización que le dio cobijo si ésta no responde a sus intereses particulares y fácilmente se traslada al otro partido que sí le dejará dar


rienda suelta a sus deseos a sabiendas que ambos ganarán con el intercambio.


 


De ahí que la ciudadanía los ha apodado “chapulines”, porque brincan de un lado a otro sin importarles nada, más que su beneficio personal que se traduce a la vez en un interés del partido que lo recibe, porque éste entiende que el primero le otorgará buenos dividendos políticos y económicos.


 


Aquí y en China eso se llama corrupción, acción y efecto que poco importa a los involucrados. La corrupción de cuadros políticos se da día a día en México. Eso significa que la ciudadanía no es tomada en cuenta ni en eso ni en otras cosas. Porque resulta que en México la política se ha convertido en algo sucio, distante, operado entre cortinas de humo para que ninguno del exterior se percate de los manejos asquerosos que se dan entre unos y otros.


 


Y esto tiene mucho que ver con el porqué los actos delictivos de los políticos y de la gente poderosa generalmente no son castigados. Hay una especie de entendimiento oscuro entre todos ellos de que hoy por ti mañana por mí. Y si no, pues veamos la enorme lista de actos de corrupción, robo y muerte, en muchos casos, que pasan desapercibidos. Pasemos revista breve, por ejemplo, a la gente que se ha enroscado en torno al candidato presidencial de Morena, so pretexto de que el cielo, o sea él, puede perdonar a los que cometen algún acto delictivo, no importa cuál. Y otros partidos están igual: llenos de corruptos e incompetentes, que han hecho de la carrera política, una carrera por la riqueza.


 


Bueno, es que estas cosas horribles poco se ven en otros países, porque en México son la cotidianidad. No obstante, cavilando sobre estos asuntos, me percato que en realidad el hombre político en el resto del mundo tiene patrones de conducta muy semejantes a los del mexicano, aun cuando hay que reconocer que México se lleva el Óscar.


 


En abono a mi dicho, veamos por caso Estados Unidos, que en estos días está inmerso en intenso debate sobre el control de armas. Es palpable el abandono en que se encuentra la ciudadanía porque los políticos tienen la costumbre de acostarse en la misma cama de la Asociación Nacional del Rifle -NRA- porque les proporciona dinero suficiente para sus campañas políticas.


 


¿Cómo se llama eso? Pues corrupción. Y vemos que el político norteamericano no tiene empacho alguno en mandar por un tubo al electorado, a la gente a la que supuestamente tiene que servir, para engancharse en un proyecto de beneficio personal vendiéndose a una organización que le proporciona poder y recursos y una carrera política de años y riqueza.


 


Acabamos de ver que el congreso de la Florida aprobó una ley que permite que los maestros puedan portar armas en las escuelas frente a sus alumnos. Una nueva tragedia se cierne ante esta estupidez humana. Los políticos son así. ¿Cierto?


 


 






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