Lo bueno, malo y feo

Miércoles 22 de Febrero de 2017

Miércoles 22 de Febrero de 2017 11:53 am

El encuentro de Peña Nieto con periodistas

LA SILLA ROTA.- Este lunes hubo un ejercicio novedoso por lo que toca a la actual administración: dos reuniones el mismo día, una por la mañana y otra por la tarde, en donde Peña Nieto y un grupo de colaboradores dialogaron por varias horas con directivos editoriales y figuras conocidas de diversos medios.


 


En cada encuentro, una veintena de periodistas tomó lugar en el sobrio “Salón Presidentes” de Los Pinos, un amplio espacio dominado por retratos al óleo de los presidentes de la etapa moderna del país, desde Lázaro Cárdenas (1934-1940) hasta Felipe Calderón (2006-2012). Sede regular para reuniones de miembros del gabinete. Una mesa oval en la que cabrían 50 personas cómodamente sentadas, con un moderno micrófono individual incluido. En la cabecera se dispuso  un amplio espacio en el que cabrían cinco sillas pero justo en el centro hay una sola: la que corresponde al anfitrión, el presidente de la República.


 


Por la mañana acudieron básicamente periodistas de medios electrónicos; por la tarde, directivos y columnistas de medios impresos: “El Universal”, “Milenio”, “Excélsior”, entre otros, y algunos impulsores de medios digitales. Breve encuentro el primero; más extendido, casi por tres horas, el segundo.


 


Ambas reuniones fueron dominadas inicialmente por una presentación sobre los precios de las gasolinas, que busca atajar argumentos en contra y de paso, exhibió una cobertura mediática que acusa superficialidad, acaso también por la errática estrategia de comunicación gubernamental.


 


En ambos momentos las reuniones dedicaron más de la mitad del tiempo a tomar preguntas de los periodistas asistentes. En pocas se profundizó sobre el impacto financiero que provocará el alza en los precios de los combustibles y la estrategia del gobierno para atemperarlo. Nuestra prensa acusa escasa especialidad en estos tópicos, y los que saben del asunto, los académicos y técnicos independientes, no estuvieron ahí, porque no laboran destacadamente en medios, habría que asumir. En la reunión de la tarde, un par de columnistas cayó incluso en la extendida tentación de presumir ingenio y buen humor, aunque realmente derraparon en la bobería y la frivolidad.


 


La lógica emergencia de la crisis que representa Donald Trump dominó pronto la conversación. Hubo incertidumbre en las preguntas e incertidumbre en las respuestas.


 


“Desde su triunfo (de Trump) en las elecciones; en el periodo de transición, la toma de posesión y luego de un mes de gobierno, a nadie le queda claro qué es lo que pretende el nuevo gobierno de Estados Unidos”, ilustró Peña Nieto en la charla tempranera. Algo similar expondría por la tarde.


 


Se sabe que en la reunión de la mañana el directivo de un portal digital  tuiteó los detalles de la reunión, lo que causó desazón de los demás asistentes sobre si eso se valía o no. Pero ni en la mañana ni en la tarde nadie aclaró regla alguna, por lo que cada quien decidió lo que le pareció más pertinente.   


 


Ni en las horas siguientes ni en la mañana del martes la reunión generó mayor despliegue en los medios. Ni sobre la forma ni sobre el fondo. Algunas columnas políticas abordaron aisladamente el tema, por lo que privó la sensación de que hablar con el presidente de la República supone un privilegio que hay que mantener en secrecía… aún si tal reserva nunca fue solicitada por el emisor ni acordada entre la partes. ¿Un reflejo cultural extendió autocensura?


 


Seguramente en Los Pinos se evaluará si este ejercicio inédito en el actual gobierno –aunque frecuente durante administraciones panistas- cumplió sus objetivos. Pero acaso la prensa –electrónica, impresa, digital- debería revisar los referentes que debe observar en estas oportunidades. En esta ocasión parece haber perdido la oportunidad de hacerlo.


 






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