Lo bueno, malo y feo

Lunes 25 de Julio de 2016

Lunes 25 de Julio de 2016 07:18 am

Y si Trump el cancela TLCAN | REPORTE ÍNDIGO

Donald Trump, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, piensa que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es “el peor acuerdo comercial firmado en la historia” de su país.

La semana pasada, Trump afirmó en entrevista con el diario The New York Times que si no logra renegociar mejores términos que favorezcan a los empleos estadounidenses “me saldría del TLCAN en un santiamén”.

Para México, esta postura resulta extremadamente preocupante por la magnitud de las consecuencias negativas que resultarían tras la eliminación del TLCAN, la creciente probabilidad de que Trump llegue a la Casa Blanca, y la relativa facilidad con la cual podría retirarse del acuerdo.

La retórica extremista de Trump ha sido una constante en su campaña, y su proteccionismo comercial es una piedra angular de esta estrategia. En su discurso aceptando la nominación republicana a la presidencia estadounidense, el magnate inmobiliario reforzó su mensaje en contra del TLCAN. Sus tácticas se han visto recompensadas con mejoras en las encuestas.

El modelo estadístico del portal FiveThirtyEight muestra que la probabilidad de que Trump resulte presidente se ha incrementado en 19.5 puntos porcentuales en el último mes, alcanzando un 40.2 por ciento el viernes pasado.

Si llega a la presidencia, Trump podría unilateralmente decidir abandonar el TLCAN e imponer aranceles punitivos contra las importaciones estadounidenses provenientes de México, devastando las economías de ambos países.

El camino del desastre

De forma similar al caso del quiebre entre Reino Unido y la Unión Europea (Brexit), no es enteramente claro cómo procedería una salida de Estados Unidos del bloque comercial norteamericano más de dos décadas después de que el TLCAN entrara en vigencia.

El proceso para que un país abandone el TLCAN nunca ha sido puesto a prueba, pero tendría que seguir el Artículo 2205 del tratado, el cual describe en sólo 34 palabras que “una Parte podrá retirarse del presente Acuerdo seis meses después de haber notificado por escrito su retirada a las otras Partes. Si una Parte se retira, el Acuerdo seguirá vigente para las Partes restantes”.

Debido a la simpleza de las instrucciones del Artículo 2205, y a que la ley que ratificó el tratado en Estados Unidos le permite al presidente imponer aranceles en contra de Canadá y México, Trump tendría amplia latitud para volver realidad sus planes si llega a la Casa Blanca, aún si no cuenta con el apoyo del Congreso estadounidense.
Sin embargo, este procedimiento engañosamente sencillo oculta una importante redefinición de la relación comercial entre Estados Unidos y los miembros del TLCAN, ya que no es claro cuál sería el régimen arancelario que resultaría de este cambio.

Previo a la entrada en vigor del TLCAN, Estados Unidos aplicaba un arancel promedio de 4.3 por ciento a las importaciones mexicanas, según datos del Instituto Peterson para la Economía Internacional, pero Trump ha propuesto elevar éste a una tasa de 35 por ciento.

Debido a que esta tasa arancelaria es mucho mayor a la ofrecida a los países que sostienen Relaciones Comerciales Normales y Permanentes con Estados Unidos, México podría presentar una demanda en la Organización Mundial del Comercio.

Y no sólo sería México quien retaría al presidente Trump, ya que las empresas estadounidenses que dependen del comercio mexicano “arrastrarían al gobierno a la corte al siguiente día”, según dijo Gary Horlick, un abogado especializado en comercio, en entrevista con CNN.

Sin embargo las cortes tendrían que recurrir a precedentes muy antiguos para saber cómo resolver la controversia: Estados Unidos no se ha retirado de un acuerdo comercial desde 1866.

Corazón del Acuerdo

Cuando se firmó el TLCAN, las autoridades de política económica de México, Estados Unidos y Canadá tenían un objetivo en mente: hacer de América del Norte la región más competitiva del mundo.

A partir de este enfoque, México se ha posicionado como una economía con un lugar privilegiado dentro del bloque norteamericano: cuenta con acceso geográfico directo al mercado más grande del mundo, mano de obra barata, costos energéticos competitivos y barreras arancelarias mínimas.

Estas condiciones han sido explotadas ampliamente por la industria automotriz mexicana. En el 2015, el sector exportó automóviles por un valor de 114.5 mil millones de dólares, casi cinco veces más que el valor de las exportaciones petroleras en ese mismo año. En los años posteriores a la recesión del 2009, la industria automotriz de exportación representó el único motor de la economía que crecía a una tasa de dos dígitos, con un crecimiento de la producción de más del doble entre el 2009 y el 2015.

Esto llamó la atención de las casas matrices de las principales armadoras globales. Entre el 2011 y el 2015, la inversión extranjera directa del sector llegó a casi 16 mil millones de dólares, de acuerdo a cifras de la Secretaría de Economía.

Exportaciones agrícolas: Éxito inesperado

El TLCAN impulsó a México como una potencia de manufacturas. Sin embargo, el alcance del tratado se extendió también al sector primario.

Este año, por primera vez desde que entró en vigor el TLCAN, las exportaciones agrícolas superaron a las exportaciones petroleras. Entre enero y mayo del 2016, México ha exportado productos del sector primario con un valor de 6.8 mil millones de dólares, superando marginalmente a los 6.5 mil millones de dólares de exportaciones petroleras para el mismo periodo.


A pesar de que esto obedece en gran parte a la tendencia decreciente de la producción del sector petrolero y a la debacle global de los precios del crudo que inició en el verano de 2014, las exportaciones agrícolas han crecido a una tasa consistente en el último año.

Para los primeros cinco meses del 2016, el valor de los productos agrícolas vendidos en el exterior representa el único componente de las exportaciones con un crecimiento positivo,  registrando una expansión anualizada de 10.6 por ciento.

En mayo, en el marco de la reunión del Comité Consultivo en Agricultura México-Estados Unidos, Francisco de Rosenzweig, subsecretario de Comercio Exterior de la Secretaría de Economía, refirió que el TLCAN significó el parteaguas que permitió multiplicar por seis las exportaciones agrícolas de México a Estados Unidos.

La importancia del TLCAN

La firma del TLCAN representa un antes y un después en el modelo económico de México.  El país pasó de ser una economía cuya única exportación relevante prácticamente era el petróleo a una economía diversificada abocada a la exportación de manufacturas.

El TLCAN jugó un papel fundamental en la liberalización e industrialización de la economía mexicana. Actualmente, el país exporta anualmente a Estados Unidos bienes y servicios con un valor de alrededor de 300 mil millones de dólares, más del 80 por ciento de sus exportaciones totales.

De acuerdo al Banco Mundial, las exportaciones como proporción del producto interno bruto (PIB) pasaron de menos de 15 por ciento antes de la entrada en vigor del TLCAN a más de 35 por ciento actualmente.

El sector externo no sólo ha sido el motor de crecimiento económico en México en las últimas dos décadas. Existe un marcado contraste entre la industria que atiende al mercado interno y la industria de exportación.

De acuerdo a un reporte de la consultora McKinsey & Co., en la primera predominan bajos niveles de crecimiento, productividad y salarios. En la segunda, todo lo contrario: crecimiento exponencial, salarios bien remunerados y altos niveles de productividad.

McKinsey estima que entre 1999 y el 2009, la productividad de las grandes firmas de exportación creció a una tasa anual de 6.8 por ciento. Esto diverge de lo presentado por las pequeñas firmas abocadas al mercado interno, que mostraron una baja anual de 6.5 por ciento en su tasa de productividad para el mismo periodo.
 
El efecto colateral
 
Las implicaciones de una renegociación del TLCAN y de la imposición de tarifas arancelarias a los productos mexicanos tendrían efecto en el largo y el mediano plazo. Sin embargo, dado que uno de los aspectos fundamentales del modelo económico mexicano se ha convertido en el centro del debate electoral de Estados Unidos, el consenso de analistas espera que esto se traduzca en incertidumbre cambiaria.

En los últimos tres meses, el peso ya se ha depreciado 6.32 por ciento, en gran medida por una mayor aversión al riesgo en el mercado, derivada de impactos como el Brexit. Ahora que las propuestas de política económica de Trump apuntan directamente hacia México, el efecto sobre el peso, la moneda emergente más operada del mundo, podrían ser mayores.

A pesar de que la candidatura de Trump no fue citada explícitamente, Banco de México ha aumentado su tasa de interés de referencia en 100 puntos base en lo que va del año y la línea de crédito de México con el Fondo Monetario Internacional se ha expandido a 88 mil millones de dólares.

El banco central mexicano ha advertido en repetidas ocasiones del riesgo que representa una depreciación subsecuente del peso para el deterioro de las expectativas inflacionarias.






Déjanos tu comentario