Lunes 13 de Junio de 2016

Lunes 13 de Junio de 2016 08:04 am

No es pobre el que tiene poco...

“El sabio –dice Séneca- es la persona que opta por la renuncia y el dominio de sí mismo, ya que esto le concede control, independencia y poder; y este poder lo utiliza para ser libre y decidir lo que quiere y debe hacer. Un sabio está consciente de que no hay peor esclavitud que ser esclavo de uno mismo”. 


 


¿Y qué tiene que ver la renuncia con el dominio? Entré más dispuestos estamos a renunciar a más cosas, más dominio tenemos sobre ellas. ¿Y cuáles son esas cosas a las que tenemos que renunciar, y así podernos considerar unos individuos más sabios? El mismo Séneca nos da la respuesta:


 


a) La opinión de los demás,


 


b) a tener y retener poder, y


 


c) el dinero.

 
Veamos el primer caso, la opinión de los demás.


 


Una persona sabia no se preocupa de que los demás no lo aprecien o no lo tomen en cuenta. Está consciente de que como individuo tiene una valía personal, y por lo tanto no depende de la opinión de los demás para ser feliz. No necesita ropa de marca para sentirse bien y no tiene problema para reírse de sí mismo.

 
En el caso del segundo planteamiento, en lo referente al poder, son aquellos que saben que lo conveniente es rodearse de personas más inteligentes que uno, y que sobre todo no piensen como uno. Una persona que no es sabia, cuando llega al poder se rodea de aduladores, y se dedica a reconocer nomás a los que le dicen que sí. En 1963, cuando la crisis de los misiles rusos en Cuba. El presidente Kennedy le pide a Dean Acheson a que participe en el comité para resolver este problema.


Bob Kennedy le reclama a su hermano de por qué invita a un individuo que era su enemigo político, y John le contesta que precisamente por eso, porque le interesa otros punto de vista por lo delicado del asunto. Anthony Robbins define lo anterior de la siguiente manera: Trata de relacionarte con personas mejores que tú en todo sentido moral, económico, cultural, etc., y toda ellas algo te salpicarán, la proximidad “pega”.

 
El tercer factor, el dinero, es un elemento muy engañoso. Típico ejemplo: Cuando tenga equis importe en el banco, voy a ser feliz; se llega a la meta, e inmediatamente decimos que ocupamos el doble. Lo difícil es establecer un límite apropiado en lo material, ya que la ambición constante es una fuente constante de insatisfacción.

En resumen: no es pobre el que tiene poco, sino el que ambiciona en exceso. ¿Qué opina?


 






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