Martes 1 de Marzo de 2016

Martes 1 de Marzo de 2016 11:09 am

Sólo 16 mil mdd llegaron el año pasado

Una de las grandes mentiras de la llamada Inversión Extranjera Directa (IED) es que crean empleos de calidad. En este sentido vale la pena revisar algunos estudios de la mexicana Alicia Bárcenas, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina, en donde desmiente esa tesis.


Además, en México, existe una mentira recurrente para contabilizar la IED, pues se toma en cuenta anualmente la cantidad que reinvierten las empresas extranjeras en nuestro país y las cuentas entre compañías.


El año pasado la cuenta financiera reportó un superávit de 33 mil 826 md, suficiente para financiar el déficit en cuenta corriente. Según el Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP), la principal fuente de estos recursos fue la inversión extranjera directa, que durante el año sumo 28 mil 382             millones de dólares, cifra superior en 10.7 por ciento a la 2014.


Sin embargo, una de las razones de este aumento se atribuye a la operación de adquisición de acciones de Iusacell y Unefon por parte de AT&T, equivalente a dos mil 037 millones de dólares, así como a la adquisición de otros activos mexicanos que fueron vendidos a capital externo.


Por tipo de fuente de financiamiento la IED se integró de 37.2 por ciento proveniente de nuevas inversiones, 32.1 por ciento por cuentas entre compañías y 30.7             por reinversión de utilidades. Esto quiere decir que las nuevas inversiones fueron apenas de 16 mil millones de dólares.


Vale la pena señalar que el 53.1 por ciento del total de la inversión extranjera (contando todos los rubros que incluye la medición oficial mexicana) provino de Estados Unidos, pues 15 mil 078 millones de dólares provinieron del vecino país del norte.


¿Realmente la inversión extranjera llega al ritmo que dice dicen las autoridades o sólo cifras para alentar el optimismo? ¿Si una empresa mexicana vende sus activos en México, es inversión extranjera que debe aplaudirse o reprocharse? ¿Son las ventas de empresas mexicanas a capitales foráneos motivo de orgullo o de vergüenza? ¿Ayudan a crear empleos o los reducen? Son muchas preguntas con pocas respuestas.


 






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